Gustavo Znoy es jujeño, tiene 33 años y una discapacidad que contrajo a los nueve años, que le cambió la vida. Lejos de quedarse de brazos cruzados e intentar sobrevivir a ciertas injusticias, el hombre comenzó una lucha junto a un grupo de personas en condiciones similares para lograr ser escuchados por las autoridades de la provincia y, de esta manera, comentarles las ideas necesarias para que ellos puedan vivir como lo hace alguien que no tiene limitaciones para movilizarse.

"Para tener la oportunidad de gestionar un trámite, realizar una compra o ingresar a algún edificio, es necesaria la construcción de rampas en sus ingresos, un mostrador a altura más baja para que podamos dialogar con el personal y baños adaptados para que podamos hacer uso del mismo como todo ciudadano", expresó Gustavo en declaraciones a un medio local.

Y destacó que "quisiera que las cosas cambien porque hay leyes que están desde hace años y no se cumplen. Me da mucha bronca que se realicen obras públicas y se dejen de lado las rampas. A veces no piensan en nosotros". Gustavo no está solo en esto, lo acompaña un grupo de personas que levantan firmas, se autoconvocan y presentan notas a las autoridades para conseguir el objetivo.

"La discapacidad es poco longeva, conocí personas que ya no están y no pudieron luchar por lo suyo, eso me hizo pensar distinto. Ahora actúo desde el ya. Me considero un hincha, me gusta destapar ollas y agitar el avispero", aseguró. Además, hizo hincapié en el ámbito de la educación y destacó que "sería importante integrar en el plan de estudios de los estudiantes de todos los niveles un contenido que haga referencia a las diferentes discapacidades que puede tener un individuo".

Su historia

A Gustavo Znoy le detectaron una enfermedad autoinmune llamada dermatomiositis infantil, que desgastó todos los músculos de su cuerpo. Su diagnóstico lo recibió después de varios años de consultas en Buenos Aires, donde previamente le habían informado que sólo tenía anginas. Cuando regresó a Jujuy, su estado había empeorado y ya no tenía fuerzas en todas sus extremidades y apenas podía hablar.

Un tratamiento le permitió mejorar su situación aunque no pudo volver a caminar. De esta manera, Gustavo debió adaptarse a un brusco cambio de vida que lo obligó a dejar los estudios, por lo que actualmente está intentando terminar el secundario a distancia. "Estando así la vida no es nada linda, empecé la adolescencia queriendo disfrutar de salidas, boliches, del amor, de una pareja, de trabajar y no pude hacer nada de eso", detalló el hombre, que ahora lucha para que sus derechos no sean olvidados.