Por Matías Resano 
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Una joven madre mueve cielo y tierra en los tribunales de Quilmes para revertir el fallo desfavorable por la tenencia de sus hijas, en beneficio de su ex pareja. Una determinación judicial que no tomó en cuenta los ruegos y las manifestaciones de las pequeñas, así como tampoco las denuncias de la progenitora, por violencia de género e incumplimiento de la cuota alimentaria.

Sin embargo, en las últimas horas, las autoridades judiciales ratificaron la medida, profundizando la angustia de las niñas y de su mamá. En el Juzgado de Familia N° 2 de Quilmes, se lleva adelante la disputa judicial que afronta Nadia Verón, de 27 años, para continuar a cargo de la crianza de sus hijas, de 3 y 5 años.

En la jornada del último martes, el juez a cargo confirmó la determinación que tomó el 15 de febrero de 2017, ordenando que las menores vivan con su progenitor. Al respecto, Nadia señaló a Crónica que "esto es una injusticia porque están jugando con las criaturas porque él tiene dinero. El juez estableció que las venga a buscar a mi casa, cuando tras el primer fallo él nunca las vino a retirar porque dice que vivo en un lugar peligroso".

El argumento que emplearon las autoridades judiciales radica en que "las nenas deben volver a su origen porque estar lejos las perjudica económicamente. Lo que quiere decir es que yo no las puedo mantener", detalló Verón. A su vez, la mujer remarcó que "mi ex pareja nunca pagó una cuota alimentaria y mientras él estaba de vacaciones en el Caribe, yo trabajaba para darles de comer a ellas".

El testimonio de la joven refleja su disconformidad y malestar ante un dictamen sorpresivo por las denuncias realizadas entre 2013 y 2017 por violencia de género, amenazas e incumplimiento de la cuota alimentaria. En este sentido, Nadia relató que "la primera la hice luego de que me golpeara brutalmente, arrastrándome por el piso, estando embarazada".

No obstante, el 1° de octubre de 2016 decidió alejarse de su entonces concubino puesto que "las agresiones eran cada vez peores. Me había golpeado y me mantuvo encerrada cuatro días, porque vivíamos en un country y él me registró como visita permanente, por eso no podía salir del lugar. Finalmente me escapé con mis hijas".

A pesar de semejante infierno, las amenazas no cesaron, pero las pequeñas siguieron manteniendo el vínculo con su padre. Sin embargo, "ellas no lo querían ver. La más chica tiene ataques de pánico. Pero nunca nos escucharon y ya no sé más que hacer, es un tormento", se quejó la mujer.