Por Conrado Moreno 
@conramoreno 

El sábado fui a la ex Escuela de Mecánica de la Armada ( ESMA) por primera vez y sentí algo que nunca había sentido. Estuve dos horas recorriendo el lugar y recién pude volver a la realidad al irme de ahí. El edificio en el que funcionó uno de los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio entre los años 1976 y 1983 pareciera que se quedó en el tiempo, por lo que la sensación es aún más impactante: paredes desgastadas, pisos de madera que hacen un inquietante ruido cuando uno camina, minúsculos cuartos en los que es difícil imaginar que ahí dentro una persona pasaba días encerrada.

El motivo por el cual fui a la ex Escuela de Mecánica de la Armada fue porque se inauguró la muestra "El Mundial en la ESMA", la cual reconstruye cómo se vivió la consagración de la Selección argentina en 1978 mientras el gobierno dictatorial secuestraba y desaparecía a miles de personas.La visita estuvo encabezada por Ricardo Coquet y Alfredo "Mantecol" Ayala, quienes estuvieron detenidos en la ESMA y lograron sobrevivir a los tormentosos años en los que fueron sometidos a condiciones de vida inhumanas y a reiteradas torturas. Además, estuvo presente el periodista deportivo Tití Fernández y Cristina Muro, esposa del desaparecido Carlos Chiappolini.

El recorrido comenzó en la entrada de donde en la actualidad funciona el Museo Sitio de Memoria ESMA. Desde allí, el guía nos llevó a través de las distintas habitaciones del edificio, las cuales presentaban similares estructuras y no variaban en su forma. Sin embargo, hubo un lugar en el que el aire se hacía espeso y cortaba el aliento: el sótano, lugar donde funcionaban las salas de tortura y el último cuarto por el que pasaban los presos antes de ser "trasladados", el eufemismo de desaparecerlos.

Ricardo Coquet estuvo secuestrado en la ESMA desde el 10 de marzo de 1977 hasta diciembre de 1978, tiempo en el que vio salir campeón al Seleccionado argentino y también vio morir a muchos amigos. "El día que Argentina jugaba con Perú estábamos con un compañero viendo el partido en la enfermería, donde festejamos el logro argentino y el pase de ronda. Cuando salimos, encontramos muerto en el piso a otro colega. Ahí nos dimos cuenta dónde estábamos en realidad", contó Coquet mientras recorría con la mirada el lugar.

Por su parte, Tití Fernández hizo una autocrítica y lamentó su accionar en ese entonces: "Fui uno de los tantos idiotas que salió a festejar al Obelisco levantando banderitas argentinas porque éramos campeones del mundo. Como muchos, grité Somos derechos y humanos", porque nos hacían creer que todo estaba bien. No nos enterábamos de nada, por eso da tanta vergüenza no haber sabido en ese momento toda la mierda que pasaba a pocos metros del Monumental".

Cristina Muro, esposa de un desaparecido que estuvo en la ESMA, narró cómo ella se involucró, de una forma abrupta, con la historia del Mundial: "Una patota de la ESMA vino a mi casa cuando estaba con mis dos hijos y me molió a golpes. Ahí me enteré de que tenían secuestrado a mi marido. Tuve que irme a vivir a lo de mi mamá, en La Boca, donde una noche escuchamos sirenas y vimos a una multitud en la calle. Eran hinchas que iban a ver a la Selección".

Recuerdos del horror 

El 1° de junio de 1978 comenzaba el Mundial de Fútbol en el estadio de River, ubicado a pocas cuadras del icónico lugar en el que se torturaba y desaparecía a hombres, mujeres y bebés. Mientras los ojos de la gran mayoría de los argentinos estaban puestos en el día a día del Seleccionado nacional, los medios internacionales hacían hincapié en que detrás del Mundial se escondía una perversa maniobra política que buscaba tapar la realidad.

En los meses previos al Mundial, comenzaron a tomar vigor las denuncias contra la represión en el país que realizaban desde el exterior. En Europa se organizó un Comité de Boicot a la Copa del Mundo en Argentina (COBA), que reunió a miles de personas en París con el objetivo de impedir la realización del campeonato.

Sin embargo, la dictadura argentina siguió adelante con los preparativos y denunció las acciones internacionales de boicot como una campaña de desprestigio antiargentina en defensa de intereses “extranjeros” y “antipatrias”. Alfredo “Mantecol” Ayala estuvo secuestrado en la ESMA desde septiembre de 1977 hasta 1980, donde hizo tareas de reformas en el sótano durante los meses previos al Mundial.

“Bajo amenaza de muerte, construimos oficinas y hacíamos trabajos de prensa, así como también de documentación y fotografía. Si uno se cansaba o se negaba a trabajar, lo mandaban directo a un vuelo de la muerte”, relató el hombre. El Mundial fue utilizado por la dictadura como una herramienta de propaganda para obtener apoyo social, a la cual la población adhirió de forma masiva y festejó los triunfos del campeonato como una victoria nacional.