Por Alicia Barrios
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E n tiempo y forma. Sin repetir, sin soplar y en 30 segundos el Episcopado, reunido en su 116° Asamblea Plenaria, confirmó que acepta el reemplazo gradual de los aportes del Estado. Esto abarca: asignaciones a los obispados, becas para los seminaristas y parroquias de frontera.

Las alternativas están planteadas en la solidaridad de las comunidades y los fieles. De esta manera, asumen el espíritu de las primeras comunidades cristianas, que ponían lo suyo en común (Hechos de los Apóstoles 2, 44). Al tiempo se creó una Comisión Episcopal para el sostenimiento de la misión evangelizadora de la iglesia que trabajara en la creación de un fondo solidario y la continuidad del dialogo con el gobierno nacional.

Se trata de consensuar opciones para facilitar el reemplazo. No hubo documento final, pero sí la homilía de monseñor Oscar Ojea en la apertura dijo todo eso que había que decir. Hizo una autocrítica de la situación que vive la Iglesia y se detuvo también en los ataques a la persona de Francisco desde dentro y fuera de la institución que no tiene precedentes.

Llamó a ser “sencillos como paloma y astutos como serpiente”.

Reflexión: ante cualquier emergencia social, es sin duda la Iglesia quien puede contener a las clases menos pudientes. Es un hecho real. Tal vez lo más destacado sea el homenaje que los obispos argentinos hicieron a monseñor Enrique Angelelli.

Trasmitieron alegría del Evangelio, ante la noticia de la próxima beatificación que les fue anunciada por Bergoglio. No podemos olvidarnos que Angelelli fue asesinado el 4 de agosto de 1976. Recién en 2014, el caso se caratula como “homicidio”. Se pudo condenar a dos de los cinco acusados: Luciano Benjamin Menéndez y a Luis Estrella, ya que los otros tres habían muerto de viejos.

Uno de ellos era Jorge Rafael Videla, quien no sólo era un militar de comunión diaria sino que, para las fechas de Semana Santa, suspendía todos los programas de televisión y lo único que se trasmitían eran películas de la Pasión de Cristo en diferentes versiones.

En tanto que las radios solo pasaban música sacra. En esa época también había jerarquía eclesiástica, como la hubo hasta 2014, pero resultaba imposible, por más presión que existiera, que se pudiera llegar a la verdad del crimen de monseñor Angelelli. El gesto de Francisco es invalorable para este Episcopado, que se corresponde no sólo con su papado, sino con estos tiempos que nos tocan vivir. Para tener en cuenta: monseñor Gustavo Carrara, obispo de la diócesis de los curas villeros, fue quien presidió la misa de cierre del encuentro.

Video y críticas

Palabras finales: tras el cierre de la asamblea, se dio a conocer un video en el cual los obispos Oscar Ojea, Mario Poli y Marcelo Colombo reflexionan en voz alta. Un modo de comunicar descontracturado, diferente, nuevo. Ojea, el presidente la Comision Episcopal Argentina, dijo que cuando “miramos el país, lo hacemos como pastores, no como políticos. La Iglesia no es un partido político, ni del gobierno, ni de la oposición. Miramos la realidad con la responsabilidad del Evangelio que en el centro tiene a los pobres. Por eso, en este momento, es natural que estemos preocupados por tantísimos hermanados que no llegan a fin de mes, por los que mas sufren”.

Este concepto se reiteró en varias oportunidades en estos días, indicando que ese es el lugar de la Iglesia. Quedó más que claro que la Iglesia quiere el fortalecimiento de la democracia. Por eso defienden la autonomía de los poderes de la República.

Al tiempo reconoció que la democracia tiene una deuda social, porque siempre posterga a los más pobres. Una vez mas destacó la agresividad de los medios contra el Santo Padre. Nunca como ahora se ha criticado de una manera tan tremenda, seguramente por la prédica tan fuerte que toca tantos intereses. No se habla de su magisterio, sino del anecdotario. La decisión de acompañarlo contra la corrupción hace a la función de esta renovada pastoral.

Por su parte, Mario Poli se concentró en lo esencial que es la vida de la gente. Se refirió al impedimento de nacer y también a la proliferación de la droga que cada día mata más niños, adolescentes, jóvenes. Perdida de esperanza por la imposibilidad de poder acceder a la universidad. También las angustias por las necesidades de los ancianos más pobres. Dejó muy claro que la vida cuesta mucho en la Argentina.

Por primera vez en la historia, el cardenal Poli pidió que se los trate como servidores y no como jerarquía eclesiástica, porque están para servir a la gente. Quien no vive para servir, no sirve para vivir.