Por Francisco Nutti
@FranNutti

Mientras algunas provincias autorizaron permisos especiales para que los hijos puedan visitar a los padres en su día y en otras ya están permitidas las reuniones familiares para un máximo de diez personas, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde está el foco de contagios de covid-19, continúa con una cuarentena estricta. ¿Cuánto afecta el no poder ver a los seres queridos durante esta jornada especial?

"La incertidumbre por el Día del Padre fue el tema de la semana. Entre muchos de mis pacientes, resultaron frecuentes las dudas de si violar la cuarentena o no para poder encontrarse, y también tuvo lugar la angustia que eso genera", señaló en diálogo con Crónica la psicóloga Adriana Murcia (MP 72794), quien en ese sentido destacó: "En una gran cantidad de jóvenes está presente la tentación de romper con el aislamiento, pero a la vez permanece intacta la conciencia de que organizar una visita o una comida puede resultar muy riesgoso para los adultos mayores. Y eso es una paradoja porque la idea es hacerles un mimo, pero también les pueden causar la muerte".

En ese sentido, consideró: "Por los casos que vengo escuchando, la persona mayor muere en soledad. Es decir, hay profesionales alrededor, pero no se le permite a la familia acercarse y visitarlos. Por lo que, para los abuelos, resulta muy duro ya que se los aísla y en muchos casos termina siendo mortal".

"Cuando fallecen tampoco la familia puede verlos, no se puede hacer velorios multitudinarios, es todo muy frío, muy duro para la gente. En varios jóvenes escucho la preocupación y el temor intenso de que muera su papá o su mamá a causa del coronavirus y no poder despedirlos ni hacer el rito funerario que permite elaborar bien el duelo. Es muy difícil hacer bien el duelo por alguien que fallece en este momento. Y grande es el deseo de verlos. En este contexto del Día del Padre, hay mayores que no sólo se angustian, sino que se deprimen y es más grave. No tienen ganas de levantarse, de bañarse, de arreglarse", continuó.

Para Murcia, "el aislamiento social en la mayoría de las personas actúa negativamente. Al que ya tenía síntomas obsesivos se le han exacerbado. Lo mismo con las somatizaciones, que significa llevar el estado de ánimo o las emociones negativas al cuerpo. La mente descansa porque a lo mejor se olvida del tema, pero el cuerpo no. En lo personal, escucho mucho sobre eso. Gente que tiene dolores en el pecho, que piensan que es un infarto pero en verdad lo que sienten una angustia muy aguda. O quienes hacen consultas médicas que no tienen nada que ver con el Covid-19, y que van a una guardia y se exponen al virus".

Tecnología

"Existen opciones a través de la tecnología para poder verse y escucharse. Y es una suerte que existan todos estos medios de comunicación. ¿Qué sería de nosotros en la cuarentena sin el celular o sin poder hacer videollamada?", dijo Murcia y expresó: "Hace un tiempito, en un geriátrico de Tandil, copiaron una idea de Europa, y se hizo todo un dispositivo para que se pueda abrazar a los abuelos".

A lo que refiere es que el mes pasado el Hogar Reminiscencia de Tandil utilizó un ingenioso método para permitir que los adultos mayores que residen allí puedan volver a abrazarse con sus seres queridos. Y de esta manera, a través de un sistema sin riesgo de contagio por coronavirus, los familiares pudieron visitarlos.

La iniciativa se viralizó rápidamente por los medios locales y luego a través de las redes sociales. En una de las puertas se colocó un panel de nylon con mangas de plástico para que, a través de ellas, quienes visiten a los adultos mayores puedan estirar sus brazos y juntar los cuerpos.

Separados pero juntos

"Es duro no poder ver a tus hijos. Ya pasaron más de 80 días sin poder darles un abrazo, un beso. Me muero por compartir una comida con ellos y encima me tocó cumplir años dentro de esta cuarentena. Es muy duro estar alejados de ellos, pero me queda el hablar por teléfono o por videollamada, que les mando siempre que puedo. Esto es por el bien de todos y tenemos que quedarnos en casa", dijo a Crónica Darío Álvarez, quien reside en San Martín, y sus hijos Jonathan y Rocío, en Lanús y Banfield, respectivamente.

Y dijo su hijo a este diario: "Para este Día del Padre lo veré a través del celular. También para compartir un momento con mis abuelos porque él vive con ellos. Tengo pensado hacerle llegar algún regalo con alguna picada, que la disfrutaremos a distancia".

"Es feo no verlo. Uno se pone a pensar que hay que cuidarse y es mejor no verse para no contagiarse, pero los días pasan y duele no poder comer algo. También pasa que decís 'mirá cómo perdemos tiempo de compartir cosas por culpa de un virus'. Le das importancia a esos momentos que antes podías compartir y ahora no. Y molesta mucho no saber cuándo va a terminar esto", completó el joven, encargado de un edificio en el barrio porteño de Recoleta.

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