Por Francisco Nutti 
@frannutti 

La tradicional calle Florida, peatonal característica de la ciudad de Buenos Aires, se convirtió en un auténtico corredor fantasma. Pese a que con la flexibilización algunos comercios pudieron levantar sus persianas, la mayoría permanecen cerrados.

Quienes lograron abrir no tienen clientes, las galerías están vacías y el silencio se interrumpe cuando algún que otro "arbolito" ofrece cambio. ¿Volverá en algún momento a recuperar su movimiento? Crónica dialogó con referentes del sector.

"Arterias comerciales como la calle Florida, Lavalle y avenida Corrientes dependen de un doble flujo de clientes. Por un lado del tránsito y desplazamiento urbano de la actividad económica y el trabajo, pero también de uno tanto o más importante, como el turismo interno y externo. Con el turismo apagado tiene un presente muy complicado", aseguró a Crónica el economista y director de Focus Market, Damián Di Pace.

En ese sentido, remarcó que "la restricción del ingreso está siendo muy profunda. Hay pérdida de empleo, recorte salarial, prestadores de servicios y autónomos en sus casas con rubros comerciales que aún nunca pudieron volver a la actividad. Por otra parte, la gente asume un comportamiento defensivo hacia la pandemia ya que contrae el gasto a los efectos de resguardarse de un futuro aún más adverso cuando tengamos que vivir los rezagos de la fuerte contracción de la economía".

En la calle Florida el panorama es desolador. La ausencia total de turismo, sumada a la desaparición de la circulación en las oficinas corporativas y públicas en torno a esta calle, transformó la reconocida peatonal en un espacio marcado por los cierres de negocios y devastado a partir de un movimiento de transeúntes casi inexistente.

"De acuerdo con la Federación de Comercio de la Ciudad de Buenos Aires (Fecoba), desde el inicio del aislamiento cerraron el 22% de los comercios, que totaliza unos 24.200 puntos de venta. Sin embargo, tomando en cuenta actividades que no estaban totalmente formalizadas la caída es mayor y los avances en cuarentena dejarán de todas formas saldos más negativos aún porque será el resultante de la caída de la actividad económica que en muchos casos no tiene efectos inmediatos", explicó Di Pace

Si bien en Florida habitualmente existe una rotación importante de locales, con marcas que se retiran y otras que arriban a lo largo del año, entre los comerciantes señalan que el escenario actual de cierres es totalmente inédito. Según datos oficiales, antes cerraban 20 locales en el transcurso de un año y ahora ya van 70 desde la llegada de la pandemia.

Consultado por este diario, el titular de la agrupación Amigos de la Calle Florida, Héctor López Moreno, señaló: "Acá está casi todo cerrado. La mayoría de los locales abrirá el 3 de agosto y quienes lo han podido hacer ahora son un grupo minúsculo que por todo esto carece de clientes".

"Florida es una calle que tiene el 70% de turismo y 30% de gente local u oficinas; por acá caminan por día 600.000 personas. Por lo tanto, no creo que se vuelva a recuperar rápido el movimiento de antes. Esto va a demorar muchísimo tiempo, por lo menos dos o tres meses más", aclaró.

Para López Moreno, "la pandemia destruyó no sólo al comercio sino a las pymes de todo el país. No hay nadie en la calle, es un desierto total. Entonces es imposible abrir. Los únicos que aparecen son los arbolitos que ofrecen cambio, nada más. Y cuando abran todos, tendremos otro problema: va a haber muchísima gente a la que no le van a autorizar viajar a Capital, sobre todo empleados que viven en el conurbano".

"La situación es muy compleja por estos lados; en este momento debe haber sobre florida 70 locales que han bajado sus persianas", continuó, para luego aclarar que allí "casi todos han negociado el alquiler para subsistir. Locales que antes valían 5.000 dólares en la actualidad los ofrecen a $300.000 y tampoco los alquilan".

Alquilar, misión imposible

El valor de los alquileres en ese punto de la ciudad oscila entre los 4.000 y los 6.000 dólares aunque, como se dijo, buena parte de los acuerdos comenzaron a pesificarse con la intensificación de los contagios de Covid-19 y la recesión. Aun así, se volvieron impagables.

Según Fabián Castillo, presidente de Fecoba, "el propietario tiene que negociar con el inquilino porque si se le va el inquilino va a tener el salón cerrado meses, años o hasta que esto se recomponga. Sabe que por su local hoy no camina la gente en la calle, que no hay turistas, si se queda cerrado, ¿a quién se lo va a vender o alquilar? ¿Quién va a invertir en un local que no produce?".

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