Pasaron dos mil años desde que nació la Iglesia Católica. Francisco renueva la fe cuando convoca a todos y cada uno de quienes habitamos el mundo de Dios para ser santos. En su nuevo documento, "Alégrense y muéstrense contentos", pone de manifiesto que somos elegidos por Dios para poder ser santos.

Los que ya lo son mantienen presencia, fe y dinámica popular con los que creen en ellos. Él se refiere a la Iglesia militante, a los santos de la puerta de al lado. La santidad es para todos y todas. Cuántos de nosotros nos hemos cruzado en más de una oportunidad, en la vida, con alguien a quien se refiere como a un santo por su conducta generosa.

Jorge Bergoglio está convencido de que Dios está en todas partes y alienta que viva en cada uno de nosotros. Uno de los secretos para seguir el camino de la santidad es soportar los defectos de los demás. Eso de no escandalizarse de sus debilidades era una característica de Santa Teresita de Lisieux. Reaccionar con mansedumbre, eso es santidad.

Otra es gastar energías tratando de escapar donde se hace presente el sufrimiento en lugar de afrontarlo. Fundamental: saber llorar con los demás. Defender y buscar justicia para los indefensos. No olvida Bergoglio las bienaventuranzas: porque tuve hambre y me diste de comer, fui forastero y me hospedaste, enfermo y me visitaste, en la cárcel viniste a verme.

Francisco ejemplifica: cuando encuentro una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto para mí consciencia, un problema que deben resolver los políticos y, quizá hasta una basura que ensucia el espacio público.

O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una criatura infinitamente amada por el Padre. Eso es ser cristianos. Tampoco es recomendable sospechar siempre de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, comunista o populista.

Defender al no nacido, pero también al nacido en la miseria. Las dos defensas deben ser claras y apasionadas. También dejó muy claro que defender a los migrantes y extranjeros no es un invento de un Papa o de un delirio pasajero. Según él, quien de verdad quiere dar gloria a Dios con su vida está llamado a obsesionarse intentando vivir obras de misericordia.

Fiel a su estilo, tal cual es él, habla de santos alegres y con sentido del humor. Un santo aleja de sí la tristeza, la nostalgia. Por último, en este resumen de consejos para ser santo, él dedica sus últimas palabras a la Virgen María porque ella se estremecía de gozo ante la presencia de Dios.

Para él es la Santa entre las Santos porque nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Llena eres de gracia. Bendita tú eres entre todas las mujeres.