por Martina Jaureguy

Cuatro femicidios volvieron a sacudir a los argentinos:  Navila Garay en Chascomús; Vanesa Caro, en Lomas de Zamora;  Cecilia Burgadt, en Santa Fe; y Cielo López, en Plottier fueron asesinadas brutalmente en crímenes con la marca del machismo. Sepultada como un animal en el patio de una quinta, una; en la sala de un hospital, tras meses de agonía, luego de haber sido rociada con alcohol y prendida fuego, otra; golpeada y maniatada por su ex marido, la tercera; descuartizada y arrojada a un río, la cuarta.

En alerta, movilizadas como ningún otro colectivo en el mundo, las mujeres salieron a reclamar la declaración de emergencia por femicidios. Luciana Peker, periodista y autora del libro "La revolución de las hijas", habló con BAE Negocios sobre lo ocurrido y lo que las mujeres esperan cambiar con la fuerza colectiva del Ni una menos.

—Cúal es la situación, en cuanto a la violencia de género, con estos cuatro femicidios,  teniendo en cuenta cuenta que en el año hubo 223 crímenes contra mujeres.
—Es muy preocupante, por supuesto. Estos cuatro femicidios vuelven a mostrar una realidad, una realidad que tiene que ver con el territorio, la noche y el uso de la libertad. Las mujeres, y muy especialmente las jóvenes en la Argentina, son víctimas de una violencia recrudecida, del odio, del odio hacia su cuerpo. Se nota en la forma en la que fueron asesinadas. Y por supuesto las mujeres nos movilizamos para pedir políticas públicas concretas para prevenir esas muertes, porque cuando hablamos de femicidio lo que estamos diciendo es que esas muertes son evitables, que es Estado es responsable y, por supuesto, la comunidad también. Por pedimos medidas concretas, para que haya Justicia y para evitar más femicidios.

—¿Cuáles son algunas de esas políticas públicas que pedirán, la emergencia contra la violencia de género o alguna otra?
—Por su puesto que pedimos la emergencia de género, no como una frase vacía sino que implique para esta gestión y para la próxima un presupuesto real para prevenir la violencia hacia las mujeres, no de $11 como es ahora o $19 como está programado para el año próximo. Y no solamente que haya más dinero, sino que haya políticas públicas efectivas para prevenir la violencia. Y, además, programas para resguardar la seguridad de las jóvenes que son víctimas muy específicas de algunos femicidios. Pedimos que puedan circular por la noche, andar por el territorio; que haya educación sexual integral, que realmente hoy está previniendo abusos y que puede prevenir los femicidios a partir del lazo con la escuela; que haya programa de detección y prevención de violencia de género en los noviazgo y las relaciones sexoafectivas de las chicas; que realmente haya intervención y programa para las jóvenes, porque hoy todo el presupuesto se dedica a situaciones que sólo van a vivir mujeres adultas, que lleva a encerrarlas, y eso nunca va a ser lo que van a querer las jóvenes. Y por supuesto, que haya no solo botones antipánico sino las tobilleras electrónicas (para los hombres con restricciones para acercarse a las mujeres que los denuncian). Hoy hay sólo un programa piloto en San Martín, aunque (las tobilleras) no están repartidas, es decir que no está la colaboración de las policías locales, que en muchos casos faltan o son cómplices o no actúan frente a la violencia de género. Pedimos patrocinio gratuito para las mujeres, que están expuestas, porque el 37% de las mujeres que fueron asesinadas le dijeron al Estado: “me van a asesinar”, hicieron la denuncia y la asesinaron igual. O sea que el Estado es responsable literalmente de esos asesinatos.

—Teniendo en cuenta todo esto se da con una serie de patrones, como por ejemplo que son asesinadas por personas de sus círculos más íntimos.
—Pero hay dos situaciones muy diferentes. Por un lado que las mujeres son asesinadas en sus propias casas en el 63% de los casos. Las matan sus parejas o ex parejas, como paso con una de las víctimas en Santa Fe, y ante esa situación hay que prevenir y tomar medidas. Por ejemplo, el femicidio de Santa Fe se hubiera evitado con una tobillera electrónica que monitoree directamente al agresor, para que pueda llegar un móvil policial si se ve que ese agresor está en el lugar exacto donde la víctima tenía una perimetral.
En otros casos, hay que buscar nuevas soluciones, especialmente en el caso de las jóvenes, que sí pueden ser asesinadas en territorio público, que no se refiere a situaciones clásica. Hay que intentar tomar medidas desde las escuela para garantizar su seguridad y libertad, y pensar junto a las jóvenes cuales pueden ser esas medidas.

Hay discursos sociales que dicen bueno, qué pasa con ésta chica, que no salga. Que no salga nunca es la solución, ¿qué estamos pidiendo? ¿La esclavitud para las mujeres, para nuestras hijas, para las jóvenes? La solución nunca es el encierro, ni como forma de prevención ni como la solución a nada. La pelea es por la libertad, no por el encierro. La libertad nunca nos puede costar la vida.

Estamos frente a uno de los desafíos más difíciles, que es el recrudecimiento de la crueldad de lo varones. Estamos ante un desafío que no se va a solucionar con tibiezas, sino con una voluntad política y social muy firme, muy tajante, de frenar la violencia hacia las mujeres. Por su puesto que creo que se puede solucionar, pero solo con una voluntad política muy contundente.

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