Por Valeria Carreras 
@drvaleria 

Los "vivos" de siempre están más activos que nunca en tiempos de cuarentena. En Coronel Vidal, una empleada doméstica se queda sin trabajo en abril. Necesitando generarse ingresos, decide comprar al por mayor zapatillas para revenderlas en cuotas a los conocidos. En Facebook, una página ofrecía con fotos hermosas y excelentes precios una mercadería ideal para la reventa.

Se contactó, hizo el pedido, depositó el dinero (todo lo que tenía). Mientras esperaba la encomienda, comenzó a mostrar las imágenes a amigas y ya calculaba las ventas que lograría Pero el pedido tardaba en llegar. Los vendedores se excusaron con demoras por controles de ruta del Covid-19 y ella esperó. Siempre comunicándose por WhatsApp, volvió a reclamar por su pedido, pero solo recibió maltrato y amenazas. No pudo exigir explicaciones porque el vendedor le bloqueó la línea.

Creyendo que se trataba de un incumplimiento de contrato (prometieron una fecha de entrega y no cumplieron), realizó el reclamo en Defensa del Consumidor (gratis y online puede hacerse a www.argentina.gob.ar/produccion/defensadelconsumidor/formulario), pero pronto sabría que era más grave. Se quedaron con su dinero y también le robaron la ilusión de emprender sus ventas.

Otro caso

A varios kilómetros, en la provincia de Santa Fe, las ganas de salir adelante movieron a varias mujeres a comprar vía internet, a un precio imbatible, conjuntos de lencería femenina. El vendedor tenía organizado un grupo de WhatsApp para atender pedidos y consultas. Allí se conocieron las señoras de Santa Fe con una joven que quería empezar en la venta de ropa desde su casa de la provincia de Buenos Aires, todas tenían un mismo vendedor en común, FOGEL y su familia.

Todas depositaron el dinero en las cuentas del vendedor. Todas estaban ansiosas por recibir las prendas y con esa mercadería mejorar, darles de comer a sus familias, tener una salida económica. Todas fueron maltratadas por el vendedor, luego de hacerlas atender por distintas personas y de cambios de celulares.

Todas reclamaron en vano la mercadería que no llegaría jamás. Todas fueron bloqueadas por el vendedor. Las juntó la esperanza de iniciar un negocio por cuenta propia, les arrebató los proyectos y la fe el mismo vendedor, FOGEL. Perdieron el dinero. Sin embargo, se unieron para evitar que se estafe a otras personas, para evitar que otros sufran, no solo perder el dinero, sino evitar que jueguen con su necesidad y con sus sueños.

Juntas denunciaron al vendedor y sus cómplices, lo hicieron cada una desde su casa, online y aportando todas las pruebas e incluso la dirección de FOGEL (un porteño experto en hacer fraudes). Una modalidad que no descansa ni en tiempos de pandemia.

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