Por Matías Resano

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Al apremio económico que ahorcó cada vez más fuerte en los últimos años a los clubes de barrio se suma un desafío complejo y extremo en tiempos de cuarentena: superar el desmembramiento social que ella implica, puesto que el aislamiento obligatorio puso en jaque la esencia de las entidades sin fines de lucro, la cual radica en su rol social, y que al mismo tiempo dificulta la posibilidad de canalizar ingresos.

No obstante, ciertas instituciones implementaron diversas iniciativas con el fin de que los vínculos con sus masas societarias no se esfumen, y seguir constituyendo ese espacio de contención y esparcimiento que siempre los caracterizó.

El fin de semana anterior al 19 de marzo, cuando Alberto Fernández dispuso la cuarentena obligatoria, los directivos de muchos clubes de barrio determinaron suspender sus actividades. En este sentido, Graciela Lazzarof, presidenta del club Tres de Febrero de San Martín, señaló a Crónica: "Cerramos las puertas del club el 15 de marzo y se suspendieron todos los ingresos, lo cual genera dificultades por la cantidad de gastos. Es una situación complicada, porque ya la veníamos remando con el viento en contra hace rato".

En referencia a ellos, Daniel Pacin, secretario general de Franja de Oro, de Pompeya, detalló: "Hay que partir la situación en dos, durante la cuarentena con un club cerrado, cero ingresos, y una ayuda del Estado. Un 65% de los empleados de los clubes trabaja en negro. Además, tenemos que abonar los servicios, sumados a los costos de mantenimiento, limpieza y desinfección".

Por si fuera poco, el directivo de la institución porteña, que cuenta con 3.500 socios, dejó en claro que "lo más grave va a venir cuando se reabran los clubes, porque la situación va a empeorar, por lo cual los clubes van a necesitar una tarifa social. Además, hay otra problemática, que radica en el miedo de la gente, que se cristalizará en una baja concurrencia de socios cuando esto pase. El panorama es oscuro".

Al factor económico, que pesaba en las entidades sin fines de lucros con el incremento de las tarifas de los servicios públicos, se le añade el social, desencadenante del aislamiento obligatorio.

Germán Marini, presidente del Porteño de Bragado, consideró que "la situación de los clubes es crítica: tenemos dos cuestiones, una la afectiva, y la otra, el compromiso social que sentimos todos los que hacemos el club". En la misma línea, Pacin remarcó que este aspecto "me preocupa, porque venir al club es estar en tu segunda casa, y somos todos iguales, y eso no va a volver a ocurrir; se produce un desmembramiento que va a ser difícil superar".

Ante semejante preocupación, algunas instituciones -y otras tantas las están imitando- comenzaron a planificar y poner en marcha alternativas para mantener el club en funcionamiento desde las casas de quienes las componen.

"Hay casos de clubes en que los equipamientos de los gimnasios se los llevan los socios para hacer sus rutinas, sobre todo quienes más necesitan seguir en actividad. Nosotros tenemos chicos con discapacidad que deben mantener su práctica y entonces ponemos las herramientas a disposición, para mantener el contacto con los socios, y hacerles pasar la cuarentena lo mejor posible", reveló el máximo dirigente del Porteño.

A su vez, Marini detalló que "las nenas de patín practican en forma virtual con su profe, empleando patines de tela, y en el fútbol, el profesor envía una rutina para que el chico la realice y mientras se filme, así le hace una devolución a su entrenador de lo que ejercitó".

En Franja de Oro, las clases de yoga y zumba se llevan a cabo a través de las redes sociales, y en Huracán de Necochea, su presidente, Guillermo Massa, reflejó que "tratamos de jugar con los socios, subiendo fotos y videos del pasado para mantener intacto el corazón de los socios, pero es muy difícil, porque todos quieren participar activamente".

En definitiva, los clubes de barrio están frente a su momento más extremo, acechados por las urgencias económicas y el vacío social, pero plantean batalla para subsistir, siendo conscientes de que no pueden aislarse por completo; caso contrario, desaparecerán.

Mano solidaria

Profundizando sus roles sociales, o buscando la forma para hacerlo y que sus existencias queden vacías de fundamento, muchas instituciones decidieron poner a disposición sus establecimientos y recursos para diferentes acciones preventivas contra la pandemia, o incluso para los sectores más vulnerables, fomentando las colectas de donaciones de bienes de primera necesidad.

En el primer grupo estaban los clubes el Porteño, de Bragado, y Huracán, de Necochea, cuyos directivos aseguraron que "pusimos a disposición el club a la municipalidad para afrontar la pandemia. Las sillas de los eventos las llevamos a los bancos para que los abuelos esperen cobrar sentados su jubilación". El testimonio pertenece a Germán Marini, presidente del Porteño, pero en la misma sintonía, su par de la entidad necochense, Guillermo Massa, remarcó que "nos comunicamos con las autoridades municipales para avisarles que las llaves del club están a su alcance para lo que necesiten".

Golazo solidario de All Boys en Floresta.

Por su parte, la agrupación Floresta Unida, del Club Atlético All Boys, puso en marcha una campaña bajo el lema "El barrio primero", la cual impulsa donaciones de alimentos no perecederos, ropa de inviernos, productos de limpieza, y mantas y sábanas para un merendero de Villa Devoto, y de otras entidades benéficas.

Aquel que desee colaborar, puede hacerlo comunicándose a los teléfonos 1153321290 y 1160598993. "Quedate en casa, los pasamos a buscar nosotros", dicen desde Floresta.

En la misma línea, los integrantes de la sede de Villa del Parque de Racing Club también se abocan a la misma misión, con la firme idea de "poco a poco, un poquito se convierte en mucho", y para convertirlo en mucho reciben todo tipo de ayuda a través del número telefónico 1155688039.