Concluido el verano e iniciadas las clases escolares, los kioscos del país se preparaban para un repunte del consumo. La expectativa fue alta este año para los comercios de golosinas ya que se enfrentan a un combo que parece fatal: alquileres por encima de la inflación, otro ajuste de las tarifas de luz en febrero y aumento mensual de los proveedores.

"La preocupación del sector es real, marzo no fue el boom esperado y nos están empujando al cierre", aseguró a Crónica Néstor Palacios, presidente de la Unión Kiosqueros de la República Argentina (UKRA).

La caída del consumo interno junto al alza de los servicios públicos es el peor escenario para cualquier comerciante. Si bien algunos rubros están mejor que otros, el caso de los kioscos de golosinas y de otros artículos relacionados parece ser uno de los más complicados. Así lo aseguró Palacios: "Se compra lo justo de mercadería y no se vende todo. Estábamos ansiosos con el inicio de las clases, pero no ha sido tan favorable como otros años".

No da el número

El arrastre de muchos años de los alquileres de los locales que crecen por encima de la inflación, el consumo estancado y los incrementos de los servicios públicos son las principales preocupaciones del sector.

"Nuestros vecinos tienen cada vez menos poder de compra, compran lo necesario y eso en los kioscos se nota enseguida -explicó el titular de UKRA-. En tanto, los aumentos de la luz en febrero fueron causantes de cierre para muchos".

Según datos de la cámara que agrupa a kiosqueros de todo el país, el promedio nacional de una factura de luz pasó en el verano a estar entre $ 5.000 y $ 25.000 pesos. "Muchos kiosqueros pagan en cuotas el servicio de electricidad. Santa Fe es la provincia donde más se encareció, también en la ciudad de Mar del Plata se observan aumentos inexplicables", repasó Palacios.

Un ajuste que también afecta al sector es el del GNC, que desde hoy vale 15 % más. La mercadería se traslada mayormente en camiones que utilizan gasoil, cuando a ese sector le sube el precio del combustible lo trasladan al valor del flete. El kiosco recibe productos más caros y, por ende, el consumidor también. La cadena productiva se encarece al ritmo de la inflación, en el mejor de los casos. El resultado de todo esto es que "muchos empiezan por despedir a un empleado, porque ni el alquiler ni los servicios ni los impuestos se pueden dejar de pagar. Otros deben optar por cerrar porque el número no da", lamenta el representante del sector.

Casos testigo

Florencia Álvarez Ilk
y Lautaro Celedoni son los dueños del kiosco Tabacchi, ubicado en Bulnes y Cabrera, intersección del barrio porteño de Palermo. Ambos contaron a Crónica que su negocio atraviesa una crisis que se acentuó "a principios de 2017, cuando los servicios y la mercadería comenzaron a aumentar y los ingresos se mantuvieron""Los gastos se triplicaron -contó Lautaro- y cada vez hay que trabajar más horas para poder solventarlos. No pagábamos más de $ 1.000 de luz y hoy pagamos $ 5.300, por ejemplo".

Unas cuadras más al norte, Emiliano Marcovecchio tiene su local en Bulnes y Charcas, al que llamó "Kiosco de barrio", y contó a este diario que "subieron los costos fijos, la venta bajó más de un 50 % y nuestra ganancia disminuyó dramáticamente. De luz pagaba $ 800 por bimestre y hoy pago $ 4.800 por mes, más del 1.000 % de aumento, ¡es una locura! Los costos fijos, por las nubes, y nuestras ventas, al subsuelo", planteó.

Para Emiliano, "la incertidumbre es enorme y no hay esperanzas de que esto mejore, es una lucha diaria negociar con proveedores y revisar que la mercadería no se venza, armar promociones. La gente no gasta. Pero cuando tenés familia y más de 40 años, no es fácil decidir bajar los brazos".

En este marco, el presidente de UKRA adelantó: "Estamos organizando una movilización para que puedan venir los kiosqueros de todo el país. Detrás de cada kiosco, hay una familia".