Al comedor llegan, habitualmente, más de cien chicos. 

Por Matías Resano 
mresano@cronica.com.ar 

"Los chicos me preguntan cuándo vuelve a abrir el comedor y es doloroso”, señaló con profunda angustia Carolina Amato, una mujer que destinó parte de su casa para alimentar a un centenar de chicos, en la localidad bonaerense de Luján. Una obra que llevó a cabo durante seis años, pero que debió suspender por no recibir la provisión de alimentos no perecederos por parte de las autoridades municipales.

Sin embargo, los registros del distrito indican que esas entregas continúan, aunque los chicos siguen esperado y clamando desde hace meses su ración de comida. En el comedor de su casa, situada en el barrio San Pedro, de la localidad bonaerense de Luján, Carolina Amato le propuso a su familia emplear ese lugar para recibir a un centenar de menores, que no tienen qué comer.

Al respecto, la propia mujer reconoció a Crónica que “fue muy doloroso como ser humano porque yo lo hacía por amor, ya que comí alguna vez una vianda y sé lo que es pasar una necesidad”. En su testimonio, la joven expresa los motivos que la impulsaron a poner en marcha el merendero Sobrinos del Eden, y a su vez refleja las sensaciones que desde abril la invaden, cuando se vio obligada a cerrar las puertas del comedor.

En este sentido, Carolina dejó en claro que tomó tan determinante decisión cuando “no recibíamos los alimentos que nos había prometido el municipio. Eran muchos chicos y entonces lo cerramos, pero el espacio y el lugar lo tenemos, entonces cada vez que podemos hacer algo, lo hacemos”. Justamente el próximo viernes recibirán a sus niños para entregarles los juguetes donados por una compañía de automóviles y por sus trabajadores.

Mientras tanto, Amato no baja los brazos y, a pesar de las promesas del municipio ante cada pedido de mercadería de alimentos no perecederos, mueve cielo y tierra para recuperar aquellas jornadas de felicidad, que ella protagonizaba con los niños que frecuentaban su merendero. En este aspecto, Carolina reveló que “todos los chicos me dicen Tía Caro y me preguntan: ‘¿Cuándo empezás con el comedor, tía?’. Sólo les digo falta poquito, pero sé que es muy difícil así, trato de esperar”.

El ruego de los pequeños deja en claro que el recinto permanece con las puertas cerradas, en contradicción con los registros municipales, en los que figuran que el recinto solidario sigue recibiendo los productos alimenticios. No obstante, su mentora se pregunta: “¿Dónde están yendo las cosas que son para mis chicos? Están lucrando con la necesidad de la gente”.

Por lo tanto, ante semejante cuestión, la autora de Sobrinos del Edén subraya que el impedimento de la reapertura de su merendero radica en “la falta de apoyo y de compromiso del municipio en el suministro de alimentos, que es algo básico para nosotros. Les pedimos que vengan al barrio para ver lo que hacemos, que hablen con las mamás de los chicos que se alimentan en nuestro merendero”.