Juan Matías González, de 40 años, fue a la redacción del diario El Tribuno de Salta para hacer pública su historia y pedir que se controle más en los casinos a las personas que por su adicción, solicitaron no los dejen entrar en las salas de juego.

Según publicó el citado medio, en el rostro de González se nota una terrible desesperación. Su mirada de a ratos está perdida, aunque sus palabras suenan con convencimiento. Él es adicto al juego, y pide a gritos una sola cosa: que no lo dejen entrar más a los casinos.

La historia de Martín es muy dura. Tiene 40 años y desde hace unos 20 que no para de jugar. Siempre que parece que toca fondo, para un tiempo, pero siempre vuelve a jugar y a gastarse hasta lo que no tiene.

En un clima de mucho nerviosismo llegó a la redacción del diario El Tribuno de Salta para pedir que se controle más en los casinos a las personas que, por su adicción, solicitaron que no los dejen entrar en las salas.

"Yo pedí mi autoexclusión de los casinos dos veces. La primera recorrí cada una de las salas y la segunda fui al Enreja, presenté mi formulario, me sacaron una foto y durante un tiempo no me dejaron entrar a los casinos, pero después ya me dejaron de controlar y termino entrando", dijo muy angustiado.

El hombre reclama que los controles sean rigurosos. "Si para entrar en una cancha de fútbol hay derecho de admisión y a uno le piden huellas dactilares, porque en los casinos no se toman medidas así", señaló.

Así fue como comenzó

Juan recordó en la mencionada redacción que hace unos 20 años fue por primera vez a un casino. Pisó ese lugar para tomar algo, antes de ir a una fiesta. Desde ese momento no paró de jugar.

Siempre fue taxista y hace tres semanas quedó sin trabajo, por el mismo inconveniente: el juego. Es que, según grafica Juan, cuando está en tiempos de crisis plata que llega a sus manos la quema en el casino. Y en este último trabajo se gastó varias recaudaciones por jugar, y cuando vio que ya estaba desbordado entregó el auto.

El hombre tiene cuatro hijos, y asegura que tiene una familia de fierro que lo salva. El tema es que gastarse toda la plata en el juego lo lleva a una situación de crisis económica de nunca acabar. "Estoy endeudado hasta el cuello, y nunca puedo salir", contó.

Hace dos años cuando fue al Enreja lo pusieron en manos de psicólogas, y lo mandaron a una recuperación en Betania, pero abandonó el tratamiento cuando le dijeron que tenía que tomar pastillas. "Yo no estoy loco. Para alejarme del juego lo único que necesito es que no me dejen entrar al casino", repite con insistencia.

González pide que haya más controles y contención en los casinos, ya que a diario ve gente que va y pierde todo. "Sabés cuántas veces vi a personas que gritan, lloran y se lamentan porque perdieron el sueldo por jugar. Hasta sé de gente que se murió mientras jugaba", afirmó.

Ruleta, tragamoneda, póker, un poco de todo. Cuando está en una crisis no importa lo que elija para jugar, el tema es ese jugar y adentro del casino el tiempo no pasa. "Uno pierde 5.000 pesos como si nada. Y seguís jugando con la idea de que vas a recuperar y eso nunca pasa", se lamentó.