Julieta sufría insuficiencia renal desde los primeros meses de vida. Jonatan era un joven que no padecía ninguna enfermedad y vivía una vida relativamente normal. Ambos se conocieron cuando eran chicos y hoy son grandes amigos. Y fue precisamente esa amistad la que derivó un gran gesto: Jonatan le donó un riñón a Julieta.

La joven, que hoy tiene 27 años, fue diagnosticada de síndrome urémico hemolítico cuando apenas tenía 11 meses de vida, momento en el que entró en coma. Los médicos que la atendieron le dijeron a su mamá que se despidiera de su beba porque no tenía posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, Julieta se despertó y, para sorpresa de todos, mejoró.

"Un milagro, lo dijo el médico", contó Julieta. "Hicieron que fueran a despedirme porque no pasaba de esa noche", agregó. Sin embargo, algunas secuelas de aquel trance definieron su vida. "Estuve 21 días en diálisis, con parálisis cerebral y de rostro. De todo eso me quedó una insuficiencia renal. Mi infancia fue de cuidado, nunca hice gimnasia y ni siquiera pude aprender a andar en bici", contó.

A principios de 2012 su salud empeoró y recibió la noticia de que necesitaba de un donante para mejorar su calidad de vida. "Me hice estudios y ahí me dijeron que mis riñones estaban dejando de funcionar, y que existían dos opciones: un donante, vivo o cadavérico, o ir a diálisis. Pero tenía que ser rápido porque los riñones no funcionaban más. Yo me daba cuenta por el cansancio físico", explicó Julieta.

Fue su madre quien se ofreció como donante, cosa que pudo hacer luego de una serie de estudios. Sin embargo, después de 15 meses, en 2014, el cuerpo de Julieta comenzó a rechazar el riñón y este dejó de funcionar por completo. Corría el año 2017 y el donante no aparecía, por lo que Jonatan empezó a plantearse la idea.

"Yo hablaba mucho con la madre de Julieta, para no cargarla a ella ni preguntarle tanto sobre el tema. Un día le dije que quería hacerme los estudios, para saber si podía ser donante o no", contó el joven. En junio del año pasado, Julieta tuvo que ser internada de urgencia por unos fuertes dolores causados por la falla del único riñón que le funcionaba.

Mientras ella estaba en su habitación, Jonatan se hacía una ecografía, para que luego le dijeran que estaba todo en condiciones y el trasplante se podía hacer. Jonatan se dirigió a la sala donde estaba Julieta y le dijo: "Bueno, me hice todos los estudios y te dono un riñón". El 22 de enero de este año se realizó con éxito el tan esperado trasplante del órgano y ninguno de los dos sufrió complicaciones durante la intervención, por lo que ambos ahora disfrutan de su amistad y, sobre todo, de una vida más alegre.