"Parece que no les importa mi hija”, sostuvo con dolor Cinthia, la mamá de Mía, una pequeña de un año y diez meses con síndrome de Down que necesita vivir en un lugar adecuado para la internación domiciliaria que sigue. Y es que la pequeña sufrió cuatro paros cardíacos, padece displasia pulmonar, una cardiopatía, trastorno deglutorio, hipertiroidismo y un grado de epilepsia entre otras afecciones.

Sin embargo, y a pesar de las puertas que golpeó y las promesas que recibió, junto a su marido sufre el dolor de no poder comprarle los medicamentos a su pequeña y de saber que habitan un lugar que puede ser perjudicial para la salud de Mía. Tan sólo 21 días después de su nacimiento, Mía Mallia fue internada de urgencia en el Hospital Luciano y Mariano de La Vega de Moreno, donde vive, por problemas respiratorios y un cuadro de fiebre.

Su estado se agravó aún más cuando contrajo un virus intrahospitalario que derivó en una serie de convulsiones, por lo que los médicos debieron inducirla al coma farmacológico. A los pocos días, la pequeña recibió el alta médica. No obstante, aquel fue el primero de cuatro paros cardíacos que sufrió Mía y que marcó el punto de partida de un largo periplo de hospitales y clínicas que llevó a sus padres a abandonar sus respectivos trabajos para poder acompañarla.

Fue entonces cuando acudieron al municipio de Moreno y allí los recibió “el intendente (Walter Festa), quien nos prometió dos subsidios de 20.000 pesos para construir una habitación acorde con una internación domiciliaria para la nena”, señaló Cinthia a Crónica. Y agregó: “Nos dijo que una solución era darle trabajo a mi marido para que tenga una obra social. Pero cobra fuera de término, y la obra social no cubre ni los traslados, ni los medicamentos, y el servicio de enfermería es de 12 horas, cuando debería serlo de 24 horas”, explica Cinthia.

Desesperados, decidieron recurrir a un préstamo monetario para construir una vivienda, en un terreno cedido por la familia de la mamá de la niña. Sin embargo, al no abonar las cuotas dentro del plazo estipulado, los intereses se incrementan y los pocos recursos de Cinthia y de Carlos se destinan a abonar dichas obligaciones y la edificación se detuvo.

En este sentido, la joven reveló que “ni siquiera tenemos agua, debemos bañarnos con un jarrito. No podemos seguir viviendo así, porque hay mucho polvillo y eso afecta las vías respiratorias de mi hija”. Esto hace, además, que no cuenten con dinero para comprar los medicamentos que necesita Mía.

Aún así, no bajan los brazos y para conseguir dinero organizan rifas y elaboran y venden sorrentinos caseros. Y aunque para ellos ningún esfuerzo es grande cuando se trata del bienestar de su pequeña, realmente necesitan ayuda para Mía.