Por Jorge Dimuro

Esto va dirigido a todos aquellos que elegimos y votamos para que nos representen en el Congreso, con el propósito de defender y garantizar los intereses del pueblo. Sin embargo, hacen oídos sordos y miran hacia otro lado. No comprendo cómo, desde hace muchísimos años, el PAMI no se normaliza y se entrega a sus verdaderos dueños, los jubilados.

Según las leyes, el Congreso es el único que puede proponer la intervención y no permitir que los distintos gobiernos de turno lo hagan a su conveniencia y para sus propósitos, en cada gestión que les toca dirigir, no oponiéndose ustedes a que la mismas puedan concretarse. Cada vez se hace más notorio que no les importamos a nadie y nuestros derechos no figuran en ninguna agenda política.

Sentimos que aquellos que tienen las herramientas necesarias para poder cambiar esta situación, hacen caso omiso y somos nosotros quienes debemos alzar la voz y proclamar por nuestros derechos, pero careciendo de toda fuerza para poder lograrlo, como pueden y deberían hacerlo quienes nos representan.

Es una vergüenza que se sigan atropellando los verdaderos intereses de todos los jubilados, no permitiéndonos dirigir el destino de nuestra propia obra social, que todavía no logro entender por qué no la podemos conducir nosotros, que en definitiva somos sus verdaderos dueños. En cambio, sigue siendo usurpada por aquellos que nos han arrebatado su conducción, desde hace muchísimos años, argumentando que están trabajando para su normalización.

Ahora, yo me pregunto, ¿normalización de qué?, si desde tiempos remotos que la están conduciendo y solamente vemos que cada vez la hunden más tanto en lo social como en lo económico, dejando deudas que después recaen sobre nosotros, ya que es nuestro dinero el que se está despilfarrando y robando.

Si verdaderamente vivimos en democracia, se deberían respetar los derechos que emanan de las leyes. La ley que fue creada para reglamentar el funcionamiento de nuestra obra social y nos faculta para que, cada cuatro años, elijamos entre nuestros pares a quienes nos representen en su conducción.

No obstante, pareciera que vivimos en una dictadura, ya que desde hace tantísimos años nos vemos imposibilitados de ejercer nuestro derecho a conducirla. Señores, les pedimos por favor que nos devuelvan la libertad para que seamos nosotros lo que dirijamos el destino de nuestra casa, de nuestra propia obra social. Y no los usurpadores de las distintas gestiones de turno.

Hagan honor al puesto que están ocupando y que puedan ser reconocidos no sólo por sus padres o abuelos, sino por todos los jubilados que habitamos este bendito país. Merecemos ser escuchados y respetados ya que hemos trabajado toda nuestra vida para vivir nuestro retiro con dignidad. Jorge Dimuro de "La Voz del Jubilado".

 J.D

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