Volvía de la casa de una amiga y vivió dos situaciones de acoso en sólo dos minutos.

Débora, fue a lo de su amiga Ayelén para comer y tomar unas cervezas. Cuando se despidieron, comenzó a caminar hacia la estación Agüero de la línea D. En el trayecto, un repartidor de comida la acorraló, aprovechó su parálisis para tocarle el culo, se rió y se fue. Leé el escalofriante relato.

"Me acaba de pasar algo tan feo. Que bronca que tengo. No pude reaccionar porque pensé que se daba vuelta y volvía", le contó a su hermana acongojada en un audio de Whatsapp.

"Ya entré al subte", le avisó.

Había entrado a la estación Agüero. En el pasillo no había nadie más que ella. Cuando miró para adelante, vio cómo un hombre sentado en la estación de enfrente empezó a masturbarse.

Con el celular en la mano, comenzó a filmarlo y sacarle fotos. Seguía abierto el chat con su hermana y le envió los archivos.

-  "Y ahora, esperando el subte, otro me muestra la pija, que les pasa?"

- "Machos hijos de re mil yutas", le contestó.


Débora pudo subirse al subte y llegar a su casa. "Hubiera preferido que me roben. Todo se fue a la mierda", le dijo a su hermana cuando ya estaba metida en la cama.

"En el momento no pensé en denunciarlo ni nada. Pero cuando entendí lo que me había pasado, pensé que como me pasó a mí podía haberle pasado a cualquiera. Al del delivery no pude ni atinar en sacar la patente de la moto, pero al del subte lo tenía filmado. Tenía que compartirlo", contó Débora a Minutouno. Días más tarde, hizo la denuncia en las redes sociales.