Julián Gerardo Guzmán tenía 39 años y el jueves perdió la vida durante una fuerte tormenta nocturna, en la que uno de los ficus que él mismo había plantado, terminó por aplastarlo. Al lugar acudieron unidades de Policía, Defensa Civil y Bomberos.

Lucas Zerda, de 60 años, es el tío de la víctima y cuenta que la noche del accidente, cuando el viento comenzó a soplar, notó que uno de los árboles plantados en la vereda de la casa, ubicada en Monteagudo al 1800, se movía demasiado y que la base comenzaba a agrietarse. 

"Él tenía locura por su autito, todo el tiempo le estaba haciendo alguna cosa, arreglándolo. Quién me manda... Debería haberme guardado la mano en el bolsillo”, se recrimina Lucas que había llamado a su sobrino para que moviera el auto, tal como lo había hecho un taxista minutos antes.

Tras ser notificado por su tío, Julián salió apurado de su casa y entró a su Fiat Uno por el baúl porque tenía un problema con la puerta. Cuando terminaba de meterse, el ficus se desplomó de golpe.

Los vecinos se revolucionaron, muchos hombres intentaron levantar el árbol esperando encontrarlo con vida, pero era imposible. "Un vecino llegó y de la locura rompió el parabrisas para ver si podía sacarlo, pero ya no había nada que hacer", recuerda Lucas.

Inmediatamente llegó la Policía, seguida por Defensa Civil y finalmente los Bomberos. Las autoridades se llevaron el árbol caído y prometieron que volverían por el otro que todavía se encuentra plantado en la vereda, ya que el trabajo se postergó por el velorio.

Varias veces los vecinos le pidieron a la Municipalidad y a los políticos que se acercaron al barrio que sacaran el par de ficus que la propia víctima, Julián, había plantado hace poco más de 10 años. Por la Monteagudo corre de manera constante un río de agua servida que mantiene permanentemente húmedo el suelo. Quienes viven en la cuadra atribuyen a esa pérdida cloacal el debilitamiento de las bases de los árboles.

“Yo sólo pido que no se olviden de sacar los árboles que están así, que la escuchan a la gente cuando pide que talen los árboles peligrosos", concluye Lucas con un sentimiento de culpa torturándolo.