PAREJA. Los chicos fueron atacados por casi 20 jóvenes. (Gentileza Pablo Busti/ El Día)

Jhonan (20) y Joel (24) son novios. El último viernes a la noche volvian de la marcha por la desaparición de Santiago Maldonado, desde Capital Federal y, a última hora esperaban el colectivo para volver a su casa en diagonal 80 y 6, de la ciudad de La Plata.

Según recordó el medio local El Día, en esa parada habitualmente concurrida en pleno centro platense, fueron víctimas de un ataque en patota de alrededor de 20 adolescentes, que los sometieron con golpes e insultos homofóbicos. El caso salió a la luz el pasado lunes, y luego el citado diario conversó con los jóvenes.

“Estábamos tranquilos, sentados uno al lado del otro. Mi novio hizo un gesto de ‘puchero’ que acostumbra a hacer, pero sin mirar a nadie. Ahí aparecieron estos pibes que le recriminaron por el gesto y le dijeron ‘gordo puto’”, contó Jhonan.

Cuando oyó que agredían a su pareja, el otro joven miró al grupo, pero no dijo nada para evitar más provocaciones. Su indiferencia no les dio resultado, porque del grupo de agresores, todos en torno a los 14 y 16 años, uno le aplicó una patada voladora en la nuca al mayor de las víctimas.

Eso dejó a Joel atontado y con dificultades para hacer equilibrio. Quiso cubrirse cuando vio que se le venían encima los demás, pero no evitó que empezaran a aplicarle una paliza. Al lado, su novio se quedó “en shock, sin saber qué hacer”, recordó aun conmovido por el ataque uno de los jóvenes durante en una entrevista con El Día, de La Plata.

Aunque eran cerca de 20 y se los notaba exaltados, Jhonan intentó disuadirlos con amabilidad: “Déjenlo, no les está haciendo nada”. Eso tampoco le sirvió.

“Ah, ¿vos también querés piñas, negro de mierda?”, le dijeron y luego lo escupieron previo a tirarlo al piso y pegarle patadas en el suelo. Por lo menos cinco se dedicaron a castigarlo a él, mientras lo seguían insultando. “¡Maten al puto, maten al negro de mierda!”, escuchó Jhonan entre la manada que lo sometía.

“De acá no salgo vivo”, llegó a pensar el joven, estudiante de las carreras de Trabajo Social y Periodismo. Su pronóstico no parecía descabellado, sin nadie que pudiera defenderlos. Simplemente cerró los ojos y esperó que la pesadilla se cortara.

“En una vi que mi novio se pudo soltar y que vino a defenderme. Logramos salir y corrimos. Pero cuando volteé la mirada no estaba más: le habían tirado un cascote en la cabeza que le partió la cabeza”, aseguró Jhonan.

El castigo recién se interrumpió cuando los agresores vieron que Joel perdía sangre por el corte con el piedrazo. “No sé si querían matarnos, pero no pararon hasta que vieron sangre”, afirmó Jhonan.

Aunque le sacaron el teléfono cuando se le cayó, el robo fue una situación ocasional en el medio de un ataque motivado por su identidad sexual. No les interesó, tampoco, llevarse su mochila con pertenencias.

De esta manera, El grupo se internó en la oscuridad de plaza San Martín y no volvió. La pareja regresó a la parada de colectivos donde empezó todo, esta vez para rogar ayuda.

Allí estaban dos chicas que cuando presenciaron el ataque se habían refugiado. Fueron las primeras en auxiliarlos, con un llamado a la policía y los únicos 21 pesos que tenían en la billetera. Un par de barrenderos se sumaron para contenerlos.

A los chicos, según relataron al citado medio platense, les costó conseguir auxilio de alguien que pasara manejando. Entre el caudal de vehículos que circulaba por diagonal 80, divisaron “un par de motos de la policía” que “no frenaron aunque todos les hacíamos señas”, dijo Jhonan.

Recién algunos minutos después, cuando el semáforo estaba en rojo y Joel seguía con la hemorragia en la cabeza, se lanzaron a pedirle auxilio a unos hombres que pasaron en una camioneta. Los vieron desesperados y se solidarizaron. Los llevaron hasta la guardia del Instituto del Diagnóstico, en 62 entre 2 y 3.

En ese centro médico pasaron la madrugada. Al joven herido en la cabeza le dieron cinco puntos. Los dos presentaban golpes por todo el cuerpo y tenían las caras hinchadas por el castigo.

Al otro día, es decir el último sábado pudieron volver a sus casas. “Fue nuestro momento de, entre comillas, festejar que estábamos vivos, algo triste e irónico a la vez”, remarcó Jhonan.