Por Francisco Nutti
@FranNutti

Cubierto con una pequeña manta y abrigado con una campera, Carmona, que ocupa un reducido espacio sobre la vereda de Borges, entre Güemes y Charcas, en el barrio porteño de Palermo, pide amablemente desde el suelo si le pueden comprar una hamburguesa.

Es una de las noches más frías del año en la ciudad de Buenos Aires y detrás de ese personaje -invisible para muchos- hay una historia realmente interesante. "Necesito ayuda, sé pintar, puedo hacer mudanzas, mover muebles, lo que necesiten", explica a Crónica

Debajo suyo resguarda como un tesoro una carpeta llena de bocetos con dibujos de arte abstracto. "Estos los hago para no deprimirme, es la terapia de los pobres", dice con una sonrisa mientras comenta que hace unas semanas, en uno de los paradores provisorios para adultos le robaron los lápices que lo hacían desconectarse de la cruda realidad.

"No consumo drogas y mis ilustraciones eran lo único que me hacían despejar. Sobre todo recordar los años en los que pude estudiar diseño gráfico, que es lo que siempre me apasionó", señala.

Sin familiares que lo protejan, se desempeñó de muy pequeño en diferentes rubros. Durante su juventud decidió irse a vivir con un amigo, pero cuando este falleció quedó completamente destruido porque, además del gran dolor, le fue imposible afrontar los gastos en soledad.

"Estoy acá y sobrevivo como puedo. Los vecinos me ayudan, los encargados también, pero la gente del consorcio del edificio donde estoy ubicado quiere ponerme macetas para que me vaya, es todo muy triste y te da impotencia no poder hacer nada. Hay mucha maldad", precisa.

El hombre, que durante las noches no puede dormir producto del intenso frío, detalla la importancia de sus útiles: "Mi único pasatiempo es dibujar con mis lápices porque estar todo el tiempo solo me deprime. Pero ahora que me los robaron no me quedó nada. De todas formas, lo más importante para mí hoy es conseguir un trabajo y poder salir adelante. Esta situación tiene que cambiar como sea porque ya no puedo seguir así", agrega.

Para finalizar, deja un mensaje a la sociedad: "Le quiero decir a la gente que no me tenga miedo porque no soy una persona agresiva, no soy ladrón. Prefiero estar cagado de hambre y no robar. Soy un hombre que vive en la calle y que quiere tener un futuro mejor, nada más".

Los bocetos que Daniel Carmona hacía cuando tenía sus lápices. 

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