En la localidad bonaerense de Victoria tiene lugar una admirable obra llevada a cabo por dos peluqueras, quienes confeccionan pelucas, vinchas y turbantes, para menores que perdieron el cabello a causa de distintas enfermedades o por el mismo tratamiento que realizan. Una cruzada solidaria que a través de las redes sociales trata de reunir los sobrantes de pelo, movida que tiene por escenario el salón de belleza propio y también diferentes centros de salud.

“La idea surge por el hermoso significado que tiene ayudar al prójimo”, señaló Susana a Crónica, mentora del proyecto Pelucas Solidarias, que comenzó a dar sus primeros pasos en febrero y al cual se sumó Laura, quien a su vez es paciente oncológica. Es por esta razón que formar parte de semejante iniciativa implica para esta última una emoción diferente, a punto que ella misma donó su peluca a una joven que deseaba regalársela a su madre.

En referencia a las causas que la empujaron a llevar adelante el emprendimiento, Susana detalló que “estaba estudiando clorimetría y veía que en las peluquerías sobraba mucho pelo, que luego tiraban. Entonces pensé que podía aprovecharse para hacer pelucas para personas que no tienen cabello por diferentes razones”.

El salón está situado en el Hogar de Niños del Padre Zanocchi, de la localidad bonaerense de Victoria, donde los viernes de 14 a 19 se brinda apoyo y lógicamente se recibe el cabello destinado a confeccionar pelucas. En el local se realizan cortes, alisados y nutriciones para poner en condiciones las pelucas, posteriormente destinadas a niños y adolescentes.

No obstante, también se abocan a aquellos adultos que requieran una cabellera artificial con urgencia. Se trata de pacientes de cáncer o alopecia que aguardan cada peluca con mucha ansiedad, dado el cambio de vida que les representa. Al respecto, Susana detalló que “es un momento muy emotivo. Es indescriptible la felicidad que reflejan cuando reciben lo que hacemos”.

La demanda superó cualquier expectativa, algo que pone muy felices a las dos mujeres que llevan adelante el solidario proyecto. “No hay palabras para describir lo que siente la gente y lo que sentimos nosotros. La felicidad es recíproca. Ellos porque solucionan un problema que, aunque de estética, no es menor, y nosotras porque les estamos dando una mano grande en un difícil momento”, comenta Susana.