Por Francisco Nutti
@FranNutti

La historia de Gabriel Guerra y su familia forma parte de la peor cara que arroja, en los últimos tiempos, la crisis económica argentina. A falta de un terreno propio y de sufrir por los impuestos altos, decidieron abandonar el departamento que alquilaban para comprar un colectivo chatarra, que luego condicionaron. Junto a ellos vive Melany, la hijita de seis años, que sueña con tener una casa y que su mamá consiga trabajo.

"Nosotros vivíamos en San Martín, Buenos Aires, en una pieza muy chica. Un día la llamaron a mi señora y le dijeron que su mamá, que residía en Las Heras, Mendoza, había sufrido un ACV (Accidente Cerebro Vascular). Al principio ella se fue para allá con la nena y unos meses más tarde viajé yo", explicó Guerra a Crónica.

"Al no tener ingresos, porque yo cobro una precaria pensión por discapacidad de apenas seis mil pesos, optamos por comprar un colectivo en desuso y pagarlo en cuotas con lo último que nos quedaba. Al tiempo mi esposa consiguió trabajo de empleada doméstica, pero cuando se enteraron dónde parábamos, la echaron", continuó el hombre, que tiene 48 años.

"Antes íbamos a un supermercado y comprábamos dos o tres changos llenos por mes, hoy no podemos comprar un kilo de milanesas. A la nena no le falta nada, está vacunada, va al colegio todos los días. Ella dijo que acá está contenta pero, me dijo que si pudiéramos tener una casa, le encantaría", confesó.

El colectivo está estacionado sobre la calle Sarmiento y se ubica justo frente a la casa de la madre de ella: Allí la señora les da agua y ellos pueden desagotar las cloacas del baño. "Hace poco un vecino nos tiró algunos cables para que podamos tener electricidad", explicó Guerra y continuó: "Mi deseo es tener un terreno propio para que mi familia pueda ser feliz. Pero en estos tiempos hay que aguantar y seguir", agregó.

Desde la comuna dicen que no tienen servicios y que no puede haber un vehículo estacionado así en esa calle. Pero ellos se sienten incomprendidos: "Es lo que nos toca, es nuestra vida. No estamos pidiendo mercadería, solo queremos un espacio para poder vivir", explicó la mujer.