Por Gabriel Calisto 
@gcalisto 

Una máxima de la economía política dice que mientras los precios suben por el ascensor, los salarios deben luchar con las escaleras. En una economía achatada por la crisis, la histórica frase cobra más vigencia que nunca en el rubro alquileres. Un informe del programa "Santo día", en Crónica HD, estimó que entre el pago mensual y los servicios como luz, gas, agua y expensas, el inquilino promedio debe destinar cerca de 17.000 pesos por mes para un departamento de dos ambientes en la ciudad de Buenos Aires.

Considerando que una de cada tres personas que viven en el territorio porteño debe negociar con las inmobiliarias los valores, la situación habla de un panorama que afecta a buena parte de la población. El cálculo, realizado con datos de entidades especializadas, estima un alquiler de 12.000 pesos, a los que se deben sumar 2.000 de expensas, 1.500 de gas, 1.000 de agua y cerca de 500 pesos en el caso de la electricidad.

No se calculó el ABL, dado que, además de tener los aumentos fijos, varía según los tamaños de propiedades y los distintos barrios. La situación se agrava cuando se tiene en consideración la diferencia entre el ajuste semestral (que en algunos casos llega al extremo de hacerse cada tres meses) del precio que se deba abonar, y lo que se recupera en los acuerdos salariales.

Hasta el mes de julio, la inflación fue del 19,6%, mientras que la suba de los salarios estuvo marcadamente por debajo de dicha marca. El panorama se repite además en toda el área metropolitana. En el interior bonaerense, sin embargo, los inquilinos también sufren por contratos leoninos, pero a causa de la falta de oferta que se da especialmente en distritos como Chacabuco o 9 de Julio.

El golpe de la inflación se siente de lleno también sobre aquellos que tomaron crédito hipotecario en UVA para adquirir una vivienda. "Eso directamente se ajusta mes a mes. Hoy muchos ya tomaron un crédito para poder pagar el hipotecario, y todavía no se trasladó el efecto de la devaluación del último mes", le dijo a Crónica Gervasio Muñoz, presidente de Inquilinos Agrupados.

Todos juntos

"La situación es grave, y un dato saliente del informe es cómo le cuesta a los inquilinos de la ciudad poder hacer frente a una necesidad básica como tener un lugar cómodo donde vivir". En la entidad que preside ven con preocupación el crecimiento de pedidos de asistencia legal: "antes nos preguntaban por alguna cláusula antes de firmar. Ahora se discute cómo romper los contratos porque ya no pueden sostener el ajuste del alquiler", relata. En ese sentido destaca que en muchos contratos hay multas para quienes deciden abandonar una vivienda antes de finalizar el contrato, que puede llegar a ser el equivalente a dos meses de alquiler. "En algunos casos, se discute y se acuerda algo entre la inmobiliaria, el inquilino y el propietario. Pero cuando directamente ya no se puede pagar, la discusión ya deja de tener un costado legal, es un drama humano", apuntó.

En ese sentido, Muñoz describió los dos sectores más afectados por la crisis: "cada vez más viejos terminan volviendo a vivir con sus hijos; y cada vez más jóvenes tienen que olvidarse de vivir solos", por lo que "muchas casas o departamentos terminan agrupando a toda la familia, bajando la calidad de vida".