Según Analía, sólo se detiene uno de cada cinco colectivos para dejarla subir.

Según el último censo, realizado en 2010, el 12,9% de la población de nuestro país vive con alguna discapacidad. Son alrededor de 5 millones de personas, de las cuales más de 800 mil tienen discapacidad motriz. Si a este número le sumamos las personas con movilidad reducida permanente o transitoria (ancianos, embarazadas, niños pequeños, lesionados), la accesibilidad se transforma en un problema de mayorías.

“Cuando un entorno es inaccesible se refuerza la condición de incapacidad motriz o de movilidad reducida de las personas”, expresa Analía Barone, una mujer de 33 años, que por una patología que padece tiene que usar silla de ruedas.

Barone, que es comunicadora y trabaja en una importante empresa nacional y en la ONG Acceso Ya, indicó que son “muchas las personas que se privan de las posibilidades de poder estudiar, trabajar o del derecho a la salud que no es menor. Varios centros no tienen las condiciones necesarias para que una persona con movilidad reducida pueda ingresar, permanecer y circular con autonomía seguridad y comodidad como lo garantiza la ley nacional de discapacidad”.

La Ciudad es muy hostil para quienes se mueven en silla de ruedas.

Además, se maneja en silla de ruedas y también está capacitada para trasladarse en andador, aunque debido al mal estado de las calles y veredas, además de subtes y colectivos, se le hace imposible movilizarse en ella.

“Resigne parte lo que me quedaba de mi buena condición física para poder manejarme el transporte público”.

El subte para mi no es una opción de traslado, yo tengo que limitarme a usar colectivo, que si bien, es adaptado, muchas veces hay falta de conciencia ciudadana”, contó la joven y reveló que a veces lo choferes no pueden acercarse hasta el cordón de la vereda porque hay obstáculos, como contenedores de basura, o directamente pasa que no quieren parar. “Se detiene uno de cada cinco. A veces se atinan y te dicen esto es lo máximo que puedo hacer. A nosotros no nos sirve. Dependo más de la buena voluntad de los choferes o de las personas que están esperando conmigo, que de la accesibilidad de la misma unidad.”

La comunicadora resaltó la falta de conciencia ciudadana: “yo como usuaria no tendría que estar constantemente denunciando al chofer que no me quiso parar. El transporte público de la Ciudad de Buenos Aires, deja mucho que desear, falta mantenimiento, hay rampas que no funcionan, cinturones que están rotos a causa del vandalismo de los pasajeros. No les importa. Porque como no lo necesitan, no les importa el otro. Hay poca empatía con las realidad ajenas”, lamentó.

Además, se refirió que estas malas condiciones hace que no logre tener autonomía y que dependa siempre de la asistencia de un tercero. “Muchas veces se pone en riesgos la integridad física mía y de la persona que me ayuda porque hace mala fuerza para subirme y bajarme del colectivo, esto sucede porque las rampas no funcionan o el colectivo no se acerca”. También destacó que la gente tiene la buena intención de colaborar pero no sabe cómo, y que muchas veces terminan ambos en riesgo. “Lo que debería ser una solución termina siendo un problema.

La accesibilidad no se limita al transporte público, si no a todo lugar que sea transitable para todos. “Los lugares que suelo frecuentar los elijo por las condiciones de accesibilidad que poseen en vez de mis gustos personales, y debería ser a la inversa", contó. “Si voy a un restaurante a un bar, para poder estar tranquila tiene que haber un baño al cual pueda ir y casi nunca pasa”.

“No es cuestión de escuchar excusas de parte del gobierno. Hay una demanda colectiva y se necesita que se haga algo”.

“A nosotros la vida no nos espera, el tiempo pasa y nosotros nos quedamos afuera de poder trasladarnos y poder ir a donde queramos ir”. Analía es consciente que cualquiera puede tener movilidad reducida en algún momento de su vida, entonces pide que uno no tenga que pasar por eso para ser consciente de la necesidad.

Juana Rodríguez: “La sociedad me discriminó indirectamente”

Juana vive en La Plata y tiene 19 años. Hace un año despertó con una pierna inflamada y debieron amputársela. A pesar de las dificultades que debe atravesar, la joven inspira a miles de personas compartiendo con alegría y humor su día a día y se volvió una “influencer” en las redes sociales. Además, hoy lucha por el cambio de una ciudad que no está preparada para personas con discapacidad.

A mediados de febrero de 2018 los médicos le diagnosticaron rabdomiolisis, una enfermedad que provoca la ruptura masiva de los músculos y la liberación a la sangre de diversas sustancias. Esta enfermedad le generó una falla renal que la llevó a diálisis e incluso Juana decidió realizar un video donde explica todo el proceso que debió superar luego que los médicos le abrieran ambas piernas para permitir que su sangre vuelva a circular. Lamentablemente una de las piernas no pudo ser recuperada por lo que tuvieron que amputársela.

Juana lucha por una ciudad más inclusiva, ya que al comenzar a circular en silla de ruedas descubrió que La Plata no tenía sus veredas en condiciones y que el transporte era prácticamente inaccesible. “Cuando salí del hospital estuve en silla de ruedas y fue encontrarme con un mundo muy injusto, de repente las cosas cotidianas que hacía no las podía realizar, ni a la esquina de mi casa podía salir, ni al colegio, ni al cine”, agregó.

Hoy Juana posee una prótesis que con el tiempo le permitió volver a caminar, pero denuncia la situación actual ya que hay gente que están en silla de ruedas toda su vida y muchas que tienen movilidad reducida. “La gente no piensa en los impedimentos, es horrible”. La joven recuerda que desde la cosas más simples no podía realizar, como ir a comer, o ir al baño. “En ninguna lugar me logre sentir cómoda”.

Subo esta foto porque creo que es la mejor herramienta que tengo para que se viralice y manifestar todo lo que siento. Solo pido que por un segundo piensen qué hay personas con condiciones diferentes, no son personas diferentes, solo tuvieron que afrontar en la vida problemas diferentes, pero TODAS las personas tenemos los mismos derechos. A mi me tocó vivir algo difícil hace 3 meses, pude sobrevivir pero me amputaron una pierna y la otra la tengo con algunas dificultades. Hace un mes salí del hospital y mi manera de moverme es en silla de ruedas temporalmente. Me está tocando vivir de cerca lo que sufren las personas discapacitadas. Esta ciudad no está hecha pensando en la discapacidad, solo en zona centro hay rampas y la mayoría no está en condiciones, las veredas están completamente rotas y desniveladas, les juro que es imposible circular, la única opción que queda es ir por la calle. Y ni hablar la gente que no respeta nada y estaciona su auto obstruyendo una rampa. La mayoría de los bares/restó no tienen baños aptos, no tienen porque ser necesariamente para “discapacitados” sino para cualquier PERSONA y obviamente en planta baja, de nada sirve tener un baño apto si está en planta alta y con escaleras. Las PERSONAS con alguna discapacidad también se toman micros, como hacen? 1 de 100 micros que pasan son aptos, y tienen que clavarse horas esperándolo. Lo más lamentable de todo esto es la discriminación, más de una vez me comí algún comentario de gente que le da impresión que me falte una pierna o que me miren raro como si fuera de una especie diferente, por suerte yo no doy pelota y me cago de risa pero la verdad es qué hay personas como yo que no piensan como yo y que no tienen el mismo carácter que yo. Las PERSONAS discapacitadas también tienen derecho al trabajo, y díganme la verdad, hay un currículum de una persona “normal” y otra “discapacitada”, quien se queda con el puesto de trabajo? Esto no puede seguir pasando, no podemos seguir permitiendo que exista la discriminacion en la calle y en cualquier parte. Por más rampas, más ascensores, más inclusión. Porque al fin y al cabo todos estamos hechos de la misma manera. Todos somos iguales.

Una publicación compartida de Juana Rodriguez Abadíe ���� (@juanarodriguezabadie) el

“Sin bien mi familia y amigos nunca me trataron diferente, me sentí discriminada indirectamente por la sociedad”.

Juana reveló que tuvo reuniones con autoridades de la Plata para tratar de generar un cambio y asegura que es algo que lamentablemente que no se va modificar de una día a otro. “El cambio empieza por uno, por ejemplo respetando las rampas. La discriminación se ve desde todos los ámbitos. Me ha pasado que hay autos estacionados donde estan las rampas, y ese es el único lugar que puedo bajar en la silla de ruedas. A veces les escribo en un papel para que sepan lo que están haciendo”.


La joven destacó que hace falta concientizar a las personas para que piensen en el otro. "Justamente si no se ve a gente en silla de ruedas, o apuntadas, o en otra condición es porque no puede salir a la calle. Yo iba por el medio de la calle. Es imposible ir por la vereda”, se lamentó.
 

Por último Juana admite: “a mi no me costó tanto aceptarme como persona amputada en esta nueva realidad si no enfrentarme con el afuera”.

Rallydad, la maratón en silla de ruedas

El rallydad, el rally más duro de todos.

Con el objetivo de visibilizar las barreras arquitectónicas que persisten en la Ciudad de Buenos Aires, Acceso Ya vuelve a presentar el Rallydad, un rally en silla de ruedas para tratar de mostrar la importancia de la accesibilidad.

Del rally participan anualmente personas con y sin discapacidad motriz. Bajo la consigna “ponerse en el lugar del otro”, invitando al público a subirse a una silla de ruedas y vivir la experiencia de tener que circular con las dificultades y barreras a las que se enfrenta diariamente una persona con movilidad reducida.

Los participantes de la maratón se enfrentaran a varias barreras arquitectónicas.

En su 13º edición, el encuentro se llevará a cabo el próximo sábado a las 15 en Plaza Flores y contará con el apoyo de CILSA, ONG por la inclusión, Cetrogar con el aporte de la TV que sortearan en el mismo, Basani que colocará un baño químico adaptado y Vittal, la organización de urgencias y emergencias médicas extra hospitalarias más grande del país.

Se trata de una experiencia que invita a entender cuáles son las dificultades y barreras con las que se enfrenta a diario una persona con movilidad reducida.

Todos están invitados a participar.