Por Francisco Nutti
@FranNutti

Un gimnasio de Munro reivindica la práctica del deporte como una herramienta para combatir las adicciones. El lugar, donde entrenan diferentes representantes de la selección nacional de muay thai, es también refugio de varios chicos que llegan desde el interior del país con la ilusión de progresar.

“Acá vienen una gran cantidad de pibas y pibes, sobre todo de bajos recursos, que han escapado de problemas complicados. No se les cobra nada, al contrario, se los ayuda para que salgan adelante”, indicó, en diálogo con Crónica, Gastón Granado, director del espacio denominado Demonio Fight Club, donde, según dice, también hace “de psicólogo y hasta, en algunos casos, de segundo padre” de los jóvenes.

Granado, muy conocido en el ambiente, es también entrenador de la selección argentina de muay thai y dirige técnicamente al combinado nacional de artes marciales mixtas en el Centro de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard).

“Muchos chicos de otras provincias, que les toca representar al país, vienen a dormir al gimnasio porque saben que pueden hacerlo sin ningún compromiso. Entonces, en agradecimiento, se ofrecen para barrer o están atentos para ayudar en lo que sea", continuó y agregó: "Acá nos mudamos el año pasado. Antes estábamos en otro lugar, pero tuvimos que cerrarlo porque no pudimos solventar los gastos".

Ricardo Campastri (33), capitán de la selección, que concurre a esa institución de Vicente López de la calle Guillermo Marconi al 5539 para entrenar, detalló: “En mi adolescencia he pecado, pero hoy estoy enfocado en esto. También trabajo y trato de costearme mis gastos”.

Asimismo, Lautaro Granado, un joven de 18 años que ganó títulos y a quien consideran con “un futuro enorme”, agregó: “Me encanta esto y no me interesa tentarme con nada”. Las ganas son muchas y el esfuerzo también. Sin embargo, hay una barrera difícil de superar: los altos gastos que deben efectuar cada vez que tienen una competición por delante.

“Hace unos días viajamos con el equipo a Joeinville, una ciudad ubicada en el estado de Santa Catarina, Brasil, y el resultado fue muy bueno. De 14 competidores que viajaron trajimos un total de 14 medallas (10 de oro, tres de plata y una de bronce). Sin embargo, con el recorte de presupuesto que aplicó el Estado se complicó demasiado”, señaló Gastón.

“Nos subimos a una trafic y tardamos 33 horas en llegar. Los propios brasileños nos dijeron que estábamos locos, pero las ganas de competir fueron más. Ir en combi con las piernas flexionadas no fue nada grato: se retiene líquido, te afecta en lo deportivo, llegás cansado, y no es lo mismo que ir en avión, y en tres horas estar descansando en la habitación”, continuó el experimentado deportista.

También las dietas para mantener o bajar de peso resultan un dolor de cabeza para estos peleadores de la vida y del deporte: “Un entrenamiento normal debe ser doble turno. Los competidores realizan una dieta bastante estricta, sin embargo es muy costosa de llevar. Los chicos y las chicas la pelean a diario con ese tema, porque la actividad está poco visibilizada, entonces nadie te ayuda en nada, todos deben pagarse sus comidas, sus viajes y hasta sus guantes”, agregó el hombre, que da clases hace 15 años.

Para todos los que pisan habitualmente el suelo de Demonio Fight, el muay thai es un instrumento para salir adelante que permite dejar las malas influencias de lado. Porque el deporte, en definitiva, sana.

¿Qué es el Muay Thai?

Es un arte marcial y deporte de contacto donde se utilizan puños, codos, piernas, rodillas, algunos barridos y agarres, que denotan fluidez, coordinación y armonía en los luchadores. Su historia indica que tiene su origen en Siam, conocido actualmente como Tailandia. La capital antigua de este reino se encontraba situada en Sukhotai entre los años (1238-1408). Como siempre estaba en guerra contra Birmania y Camboya, el reino se vio obligado a buscar una forma de defensa que consistió en instruir a sus soldados en la utilización de lanzas y espadas, además de su propio cuerpo como arma en las distancias cortas. Gracias a esto nació el arte del muay thai, el cual fue imprescindible para la población, sobre todo para los aspirantes al trono si estos querían llegar a ser reyes.

LA EXPERIENCIA ASIÁTICA
DOS CHICAS QUE VAN SIEMPRE AL FRENTE


A menos de un metro del ring del gimnasio, dos mujeres se entrenan al ritmo de Catupecu Machu, la banda de música que suena cada mañana en los amplifi cadores del lugar. Sus rostros, sudorosos y cansados, denotan la garra que le ponen para cumplir un deseo: llegar a lo más alto de este deporte. El ruido de una chicharra irrumpe la pelea y tras un breve suspiro se acercan para contar sus experiencias como competidoras.

“Yo estuve viviendo en Tailandia, donde aprendí muchísimo sobre la actividad. Allí hice ocho peleas, perdí una, y la última fue en el cumpleaños de la reina, a mediados de agosto”, precisó en diálogo con Crónica
Eliana Castiglioni, una enorme profesional que lleva en alto la bandera femenina en el muay thai.

Es habitual que luchadores extranjeros se desplacen hasta el territorio asiático para mejorar su técnica, pero resulta más difícil llegar a competir en las pruebas que se disputan en esos países. Sin embargo, ella lo logró.

“Fui la primera mujer argentina en pelear allá. Yo entrenaba duro, siempre quise superarme. En ese entonces, estaba en 50 kilos, bajé a 48 y de un momento al otro se dio esta oportunidad. Ni más ni menos que en el cumpleaños de la reina, que es un evento muy reconocido y televisado. También estuve en Perú y en otros países donde fui adquiriendo diferentes conocimientos, todo te deja una experiencia”, continuó la mujer.

Junto a ella se encuentra Zaira Lucía Sad, una chica que, además de ser baterista de la banda de rock Fideos con Manteca, hace tres años que entrena y busca perfeccionarse lo más que puede.

“Todavía no tuve la posibilidad de viajar con este deporte, pero quizás el próximo mes de noviembre sea mi primera hazaña en el ámbito internacional (Uruguay). Mi meta es clara: crecer lo que más que se pueda”, indicó.

“Mi papá era boxeador de chico y en la familia siempre estuvo latente la pasión. A los 18 hice un poquito de box y después, más de grande, me metí para ver si funcionaba el muay thai, que defi nitivamente resultó ser lo mío”, agregó Zaira, para luego aclarar que: “Entreno todos los días dos horas de lunes a viernes. En las competencias siempre damos un peso y si hay que bajar un poco o para mantener, estoy pendiente”.

El entrenamiento de cada mañana.

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