La historia de Ignacio Cervin indica que nunca es tarde para volver a estudiar. A sus 92 años, se convirtió en el alumno más longevo del país luego de retomar la primaria después de casi ocho décadas en la localidad correntina de Colonia Carolina, con el fin de incorporar nuevos conocimientos.

"Este es un círculo que no pude cerrar en mi vida", comentó Don Ignacio a los medios, tras confesar su deseo de tener un aprendizaje formal. "En mis tiempos de escuelero, lo normal era llegar hasta quinto grado. Yo no pude llegar tampoco hasta ahí. Repetía de grado pensando que daba lo mismo. Después me di cuenta de que era muy importante, así que cuando pusieron un aula a 6 o 7 cuadras, se me dio la idea y me anoté", explicó.

Padre de siete hijos, abuelo de nueve nietos y con cinco bisnietos en su haber, el nonagenario expresó que volvió a las aulas "en memoria de los compañeros que ya no están". Y es que todo se remonta a la década del '40, cuando decidió abandonar los libros y sus mañanas en el colegio para trabajar como peón en la producción de tabaco, una de las plantaciones principales de su ciudad. Sin embargo, nunca dejó de leer, lo que le permitió, muchísimos años después, acceder al trayecto corto para finalizar sus estudios.

Las escuelas de adultos reconocen los saberes que se adquieren fuera del ámbito escolar. Por eso, podría terminar la primaria a fin de este año en el establecimiento N°13, donde asiste de lunes a viernes de 18 a 21. Mientras tanto, manifestó su deseo de continuar el secundario y señaló que ya comenzó a entrenar su prosa: "Estoy escribiendo sobre Carolina, tiene muchas historias para contar".

Amante de los libros de historia argentina y de las historietas de Patoruzú, confesó que le gusta demasiado juntarse con sus compañeros para tomar apuntes y repasar. Aunque el abuelo no es el único de su colegio que superó las ocho décadas: "No soy el único viejo. Hay tres señoras que tienen 80 años también. Tenemos un grupo muy unido. Conversamos de todo", explicó.

Ignacio padeció una infancia muy difícil pero logró salir adelante. Luego de arribar al mundo, vivió muy poco tiempo con sus progenitores y fue criado, junto a dos primas, por su abuela. Antes de nacer, su madre decidió separarse de su padre, quien, al parecer, no trabajaba y tampoco cuidaba de la familia.

En la actualidad es viudo y vive sólo en su casa ubicada a unos seiscientos metros del aula a la que asiste. Sus días, además del estudio, transcurren atendiendo las tareas de su hogar, cocinando, y disfrutando de su jardín, las plantas y la huerta. Junto a otras 600 personas integra un grupo que supera las cinco décadas de vida, entre el total de unos 10.300 estudiantes mayores de 18 años de su provincia.