"No tenemos la guía de nadie, nos dejaron solos", cuentan con desesperación Sebastián y Grisel, los papás de Máximo Sahir Sanz, un niño de casi cuatro años a quien aún no pudieron darle un diagnóstico certero de lo que padece. Por ello es que piden un traslado al Hospital Garrahan, a la espera de que allí puedan darles una respuesta por la salud de su hijo.

Oriundos del barrio La Mandarina, en Rosario, recorrieron hospitales públicos y centros privados en busca de un tratamiento que termine con un cuadro hasta ahora incierto: el niño padece diarreas durante meses y vómitos por días. "Desde que nació estamos luchando por saber qué enfermedad tiene", señaló Grisel a Crónica"Lo único que sabemos es que no es una enfermedad común y que hasta este momento no hay ni un diagnóstico ni un tratamiento. Mientras tanto, sí sabemos que tiene un retraso madurativo leve, que sus piernitas se están doblando y que siente malestar en su huesitos", agrega Sebastián.
 
Por ello es que iniciaron una campaña en las redes sociales haciendo público el caso y pidiendo ayuda para lograr que el chiquito pueda ser atendido en el Garrahan. "Una doctora se comprometió a tramitar la derivación al menos para una interconsulta"; sostiene Sebastián. De convertirse en un hecho, ése será el primer gran paso para lograr que Max encuentre una respuesta a su malestar.
 

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