Por Florencia Bombini

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Lo único imposible es aquello que no intentas, dice una de las frases escritas atrás de Mauro Flores. Ningún detalle de la foto es casualidad y todo coincide: la historia de este hombre de 39 años y su ejemplo de superación reflejan que lo que figura en letras blancas, con fondo azul, no es una simple decoración del lugar, sino un estilo de vida.

Y ese es el que eligió él, después de que a los 26 años le amputaran la pierna derecha producto de un tumor maligno cuando estaba cursando el cuarto año del profesorado de educación física. Lejos de dejarse vencer por este duro golpe que le tenía preparado el destino, Mauro afrontó su operación en agosto de 2005, terminó su carrera en diciembre de 2006 y hoy está trabajando de lo que más le gusta, con una prótesis a la cual se adaptó con total facilidad y le permite desarrollar su vida con normalidad.

No conforme con eso, Mauro Flores, que vive en Florencio Varela y tiene una nena de cuatro años, realiza diferentes actividades sociales relacionadas con la discapacidad. En septiembre, además, se dio el gusto de correr 100 metros en una prueba que se realizó en el marco de la Running Clinic, que tuvo lugar en el Cenard y que contó con la presencia de otros deportistas de todo el mundo con condiciones similares. "Le di con todo a la rodilla, me la pasé saltando arriba de la prótesis. Fue una experiencia muy buena", le comentó Mauro a este medio.

En relación con la experiencia que le tocó atravesar, el hombre manifestó que la amputación de la pierna "fue una dura decisión", pero que a su vez "de acuerdo con el grado de la enfermedad, no había ningún tratamiento posible". Y detalló que en ese momento "tenía una vida de trabajo bastante activa, parar de golpe fue lo que más me costó".

Sin embargo, señaló que "tuve dos pilares fundamentales que fueron la fe y la familia. Siempre me sentí con el ánimo para superar obstáculos".

Hoy Mauro lleva una vida normal, trabajando en escuelas primarias y secundarias como profesor de educación física, clases en las que, además, "muestro el ejercicio dentro de las posibilidades que tengo". A su vez, "mi hermano hace mountain bike, entonces yo a veces lo acompaño y hago los tramos de ruta. Además, tengo una bicicleta fija y hago una hora tres veces por semana para no perder el ritmo".

Más allá de su vida profesional y deportiva, Mauro participa de una asociación civil (Risel Resilientes por la Inclusión Social, Educativa y Laboral), donde dicta talleres inclusivos para chicos con distintas patologías. "Siempre hablo de lo que me pasó con ellos", agregó Mauro, que elige superarse constantemente a pesar de los obstáculos que le puso la vida.