Por Matías Resano 
mresano@cronica.com.ar 

El placer de ayudar, más allá de las dificultades propias, es el motor de la admirable puesta en marcha del merenderos Rinconcito de Luz, del barrio Sol de Oro, en la localidad bonaerense de Ezeiza. Una obra solidaria impulsada por dos hermanas, Analía y Karina, quienes conmovidas por las necesidades de los niños de su zona, decidieron brindarles una copa de leche tres veces a la semana y, en las últimas horas, de una mochila con útiles ante el inicio de las clases escolares.

La iniciativa se desarrolla a partir del propio bolsillo de las mujeres y de las donaciones que reciben, sin embargo requieren de más ayuda para extender las entregas de merienda a todos los días de la semana, como así también ampliar el espacio y comenzar a suministrarles una cena a los más de treinta niños que concurren al benéfico establecimiento.

"Surgió de un día para el otro. Le dije a mi hijo abro un merendero el lunes y así fue, armé unas tarjetas de cartón y se las envíe a él para que las repartiera a los chicos del barrio", contó a Crónica, Karina, ideóloga del merendero "Rinconcito de Luz", que se gestó el 11 de octubre pasado.

Una acción ejemplar que se lleva a cabo en la propia vivienda de la mujer, en un espacio destinado como garage en un principio, en el barrio Sol de Oro, de la localidad bonaerense de Ezeiza. Justamente, allí asisten 35 niños, de 2 a 14 años, los lunes, miércoles y viernes, a partir de las 18, para recibir una copa de leche, galletitas o tortillas, bajo cualquier condición climática.

En este sentido, Karina, quien lleva adelante la iniciativa con su hermana Analía, reconoció que "los pibes vienen igual porque hay muchas necesidades. Ellos me ven en la calle y ya me dicen: Mira Kari que mañana voy". Una expresión que refleja las carencias de los pequeños que forman parte del merendero, puesto que "son chiquitos que tuvieron una vida muy fea, en algunos casos son hijos de padres que no tienen trabajo. El otro día una mamá le decía a su hijo: Tomá la leche porque no tenemos nada para comer a la noche".

No obstante, en esas ocasiones, la solidaria mujer deja en claro que "hacemos un esfuerzo y preparamos una cena para esos nenes, así duermen con la panza llena". Sin embargo, como ella misma aclara, "es todo a pulmón. La comida sale de nuestro bolsillo, y eso que nosotros vivimos de changas, y de las donaciones que recibimos. Pero en enero y febrero la pasamos muy mal porque no nos alcanzaba la mercadería y los nenes eran cada vez más. Por eso, hasta tuvimos que usar una puerta como mesa, porque no dábamos abasto".

Ante semejante situación, Karina convoca a más voluntarios y almas solidarias que quieran sumarse a Rinconcito de Luz, con diferentes formas de colaborar, con el fin de continuar con las meriendas y poder llegar a brindarlas de lunes a viernes. A su vez, planifican en el corto plazo cocinar raciones de comida para la cena y cerrar el lugar antes de la llegada del invierno.

Además de alimentarlos, la joven reconoció que "los contenemos y tratamos de escuchar lo que les pasa. Les transmitimos y enseñamos por qué deben comportarse bien. Pero no hay nada mejor que ver a esos chicos comiendo".