Por Matías Resano
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"Llevamos sesenta y dos años de felicidad que ni siquiera la muerte va a interrumpir”, reflejó con angustia Ricardo, un hombre de 92 años, que no se despega de su compañera de toda la vida, Ana, de la misma edad, quien se encuentra internada en el Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora por una disposición judicial.

La medida se desencadenó por una denuncia de una enfermera domiciliaria contra el propio anciano, a quien acusó de violar a su esposa. Sin embargo, la fiscalía interviniente archivó la causa por falta de pruebas, pero el juzgado de familia a cargo no tomó notificación de ello y ordena alojar a la mujer en un geriátrico, profundizando su angustia y la de su marido.

Mi mujer está cautiva, a pesar de que ocho médicos le dieron el alta, dejando en claro que no tiene ningún signo de haber sido violada”, señaló Ricardo a Crónica, en referencia a la particular denuncia de una empleada de un servicio de enfermería que le brindaba asistencia a la esposa de él, Ana.

Una odisea que comenzó en mayo pasado cuando “esta persona les dice a ellos que no podía seguir cuidando a la abuela porque consiguió otro trabajo. En mayo esta mujer le informa a la compañía de enfermería que encontró un pañal con sangre que pertenecía a Ana”, detalló el abogado del matrimonio, Martín Narducci.

En consecuencia, tomó intervención personal policial de la DDI de Lomas de Zamora, que derivó la denuncia a la UFI 5 de la misma localidad, y posteriormente el Juzgado de Familia N° 6. Justamente esta dependencia ordenó en diciembre el traslado de Ana al Hospital Gandulfo para alejarla de su esposo, acusado de “abuso sexual agravado con acceso carnal”, y a su vez con el afán de someterla a las pericias médicas de rigor.

En este sentido, Narducci remarcó que “los médicos confirmaron que Ana no tiene ningún signo de haber sido violada, y ordenaron el alta médica porque está en condiciones de estar en su casa. El problema es que el juez no fue notificado de que la fiscalía archivó la causa por falta de pruebas y ahora exige que sea trasladada a un geriátrico”.

Por esta razón Ricardo reconoció, con profundo dolor, que “estamos esperando en vilo que la vuelvan a secuestrar y se la lleven a un geriátrico. Esto es una barbaridad. No hay ninguna prueba y el juez la está ayudando a morir con su resolución. Lo que están haciendo con nosotros es un ensañamiento. Tengo el corazón destrozado”.

Este martes, en la puerta del Hospital Gandulfo, Ricardo le comentó a Crónica:Quiero a mi mujer en mi casa. Ella no puede estar en otro lado y eso lo debe entender el juez que quiere mandarla a un geriátrico. Esto comenzó en mayo y en diciembre la enviaron a este hospital. No hubo una sola evidencia de violación. No me explico qué quiso hacer esa mujer -en referencia a la enfermera- con su denuncia”.

Las horas pasan, Ricardo no tiene respuesta y si bien para el fiscal no hay pruebas, el juez de familia sigue adelante con la causa.