"Por mi familia, para que no quede en la calle, soy capaz de hacer cualquier cosa", sostuvo con congoja Luna, una adolescente de 17 años, ante el peligro de ser desalojados. Y es que, en las últimas horas, su mamá Celia recibió una orden de desalojo de la vivienda que compró hace más de dos décadas por parte de un sujeto que se identificó como el verdadero dueño del lugar.

Celia Benítez, de 49 años, compró hace 22 un terreno en la localidad de Florencio Varela, a un hombre llamado Luis Páez, quien se presentó como propietario de las tierras. "Él decía que era el dueño y hasta me mostró un boleto de compraventa que avalaba sus dichos. El terreno estaba pelado y de a poco construí como pude", cuenta la mujer. Por ello se sorprendió cuando, semanas atrás, llegó a su vivienda una orden del Juzgado Civil y Comercial N° 6 de Quilmes que establecía el desalojo de la mujer y sus cinco hijos de 21, 17, 15, 10 y 6 años.

Aún sin entender la magnitud de la medida, el 6 de julio pasado fue sorprendida por los oficiales de justicia que tenían por objetivo cumplir la orden. "Fue algo muy feo porque vinieron cincuenta policías y yo estaba con mis hijos y no entendíamos qué estaba pasando", dijo Celia.

Finalmente, los vecinos del lugar salieron en su defensa y evitaron que se concretara la medida. "Apareció un hombre que dice ser el verdadero dueño. Estoy desesperada porque se quieren quedar con mi sacrificio de 22 años. Recuerdo que cuando vine a vivir acá juntaba peso por peso, que obtenía trabajando como mucama. Pero ahora no tengo trabajo y no puedo pagar", lloró Celia.

Y es que, luego de que se frustrara la posibilidad de desalojarlos, el dueño del terreno -o al menos quien se presenta de esa forma- ofreció un plan de pagos de 40 mil pesos mensuales durante dos años. Algo impagable para ella.

El gesto de su hija

Al tomar conocimiento de la propuesta que recibió su madre, Luna, de 17 años, sin dudarlo, se dirigió a ella y expresó: "Mami, no queda otra opción. Ya lo pensé y decidí vender un riñón para quedarnos la casa", dijo la chica. Si bien se trata de algo que no está permitido por la justicia, el gesto no hizo más que conmover a su madre.

"Como mamá me duele mucho que mi hija quiera poner su vida en riesgo", dice Celia al borde del llanto. Lo cierto es que, al parecer, para Celia y sus hijos no queda otra alternativa más que acatar la orden judicial aun cuando ellos hayan comprado la vivienda. Por eso, Celia pide que las autoridades judiciales escuchen su versión y se apiaden de su futuro.