Sufrieron el robo del vehículo en la puerta de su casa.

Por Fernando Costoya 
@fecostoya 

A la hora de elegir víctimas, los ladrones no tienen contemplación. De ello puede dar fe un matrimonio de José C. Paz, cuyos dos hijos de 4 y 14 años son discapacitados, que sufrió el robo de su automóvil, con el que llevaban a los niños a la escuela. “Nos cortaron las piernas, no sabemos qué hacer”, le aseguró Crónica María Rosa Martínez, madre de los chicos.

Era un sábado más en la rutina familiar. Marcelo Gómez, operario en una fábrica de neumáticos, estaba en su trabajo, y María Rosa había salido a hacer unas compras a eso de las nueve de la noche. Allí constató que el vehículo familiar, un Volkswagen Senda color gris que “dormía” en la calle, no estaba estacionado frente una vivienda del barrio Alberdi, en un terreno que comparten con sus suegros.

Cuando regresó su marido poco antes de la medianoche, lo primero que hizo fue preguntar por el auto, ya que no lo veía. “Yo estaba con los chicos, cocinando, el perro ladraba, no escuché la alarma. Tiene que haber sido entre las 22 y las 23.30”, relató María Rosa, y agregó: “Para mí se lo llevaron empujando”.

Salieron a buscarlo por el barrio, pero no hallaron nada. Efectivamente se lo habían robado. “Quedamos devastados. Nos manejábamos con el auto, para llevar a los chicos al colegio, para salir a pasear, para llevarlos a todos lados”, aseveró la mujer. Los chicos son Yago (14), quien padece una discapacidad motora, y Alejo (4), que sufre un retraso madurativo.

“Mi marido lo tenía impecable al auto, lo cuidaba mucho”, lamentó María Rosa, y apuntó que “lo teníamos hace cuatro años, lo compramos con mucho esfuerzo”. La escuela 503 de José C. Paz a la que asisten los niños queda a unas 30 cuadras, por lo que sin auto las opciones que quedan son remís, colectivo o caminar, y cada una conlleva una complicación grande y difícil de sostener en el tiempo.

“No tenemos parientes que nos puedan ayudar. Yo tengo a mi hermana, pero está con sus cosas. Me las arreglo como puedo”, admitió María Rosa, aunque ahora está realmente preocupada. Es que, además del trabajo de su marido, no tienen otra fuente de ingresos. “Yo soy ama de casa, tengo que estar con los chicos”, señaló. “Ya hicimos la denuncia en la policía, pero no sabemos qué vamos a hacer. Lo único que sabemos es que estamos mal, esto nos destruyó”, expresó la mujer y completó: “Necesitamos, por favor, que alguien nos ayude”.

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