Un mundo sin combustible
La crisis energética que comienza a dibujarse sobre el mundo tiene una característica que la vuelve particularmente peligrosa: no responde a un solo conflicto, ni a una única decisión política. Es el resultado de una combinación de factores que reducen las existencias.
China acaba de agregar un nuevo elemento de tensión al mercado internacional. Beijing decidió suspender durante octubre las exportaciones de combustibles hacia prácticamente todos los destinos, con excepción de Hong Kong y Macao. La decisión alcanza a productos como el diésel, la nafta y el combustible para aviones y representa una señal inequívoca de que la segunda economía mundial está priorizando su propia seguridad energética y de paso, complicando más el precio del insumo en el surtidor, especialmente en los Estados Unidos a días de las elecciones de medio término.
La medida adquiere una dimensión mucho mayor cuando se la observa junto con los ataques ucranianos contra las refinerías rusas y con la guerra entre Estados Unidos e Irán, que continúa amenazando el flujo de petróleo y combustibles a través de Medio Oriente.
No se trata, por lo tanto, de tres noticias independientes. Empiezan a formar parte de una misma historia. El mundo enfrenta simultáneamente una reducción de la capacidad de refinación, restricciones a las exportaciones y una creciente incertidumbre sobre las rutas por las que circula la energía. El resultado puede ser una combinación particularmente difícil de administrar: menos combustible disponible y precios más altos.
China decide guardar el combustible
Durante los últimos meses, China había incrementado significativamente sus exportaciones de productos refinados. Sus refinerías colocaron grandes volúmenes de diésel, nafta y combustible de aviación en los mercados internacionales, aprovechando una situación en la que Beijing había flexibilizado algunas de las restricciones que había impuesto previamente.
Pero la situación cambió. Las existencias domésticas comenzaron a caer y el escenario internacional se volvió considerablemente más incierto. La guerra en Medio Oriente, los ataques contra la infraestructura energética rusa y la volatilidad de los mercados, llevaron a Beijing a modificar nuevamente su estrategia.
China decidió entonces reducir prácticamente a cero sus exportaciones de combustibles durante octubre y la decisión puede interpretarse como una medida de protección frente a un escenario que Beijing considera potencialmente peligroso. China no necesita esperar a que la amenace la escasez para actuar. Su estrategia consiste en asegurarse primero el abastecimiento de su propio mercado y dejar que el resto del mundo enfrente las consecuencias.
Es una lógica clásica de seguridad energética: cuando aumenta la incertidumbre, los grandes consumidores dejan de confiar exclusivamente en el mercado internacional. El problema es que China no es un actor marginal sino uno de los mayores refinadores de petróleo del planeta. Cuando una potencia de semejante tamaño decide retener una parte significativa de sus combustibles, el efecto sobre el mercado internacional es inmediato.
Los países que anteriormente podían comprar esos productos deben encontrar nuevos proveedores. Y esos proveedores, a su vez, tienen que disponer de combustible adicional. La consecuencia inevitable es una mayor competencia por cada barril disponible, y cuando aumenta la competencia por una oferta limitada, sube el precio.
Algunos quieren ver detrás de la jugada china otra intencionalidad. Los electores en los Estados Unidos están particularmente preocupados por la inflación. En buena medida esa inflación es empujada por el precio de los combustibles, que no solo aumentan para quien quiere desplazarse en su auto, aumentan también para los camiones que transportan mercadería. Luego, lógicamente, esa mercadería también aumenta.
A algo mas de un mes del proceso electoral que puede dinamitar el futuro de la administración Trump, a los problemas autogenerados en Ormuz y la guerra Rusia-Ucrania, China le adiciona al mercado norteamericano otro problema y otro motivo inflacionario. Tal vez sea casualidad.
Ucrania golpea el otro extremo del mercado
Mientras China restringe sus exportaciones, Ucrania continúa atacando la infraestructura energética rusa. Los drones de Zelenski han golpeado en los últimos meses refinerías y otras instalaciones relacionadas con la producción de combustibles en Rusia. La estrategia de Kiev busca afectar una fuente fundamental de ingresos para Moscú y, al mismo tiempo, reducir su capacidad para sostener la maquinaria militar.
Pero los efectos exceden ampliamente el campo de batalla. Rusia puede seguir disponiendo de enormes cantidades de petróleo crudo y, sin embargo, tener dificultades para convertirlo en los combustibles que necesita su economía y que anteriormente podía exportar. Esa diferencia es fundamental.
El mundo no consume simplemente petróleo. Consume productos derivados del petróleo. El crudo necesita ser refinado y transformado en diésel, nafta, combustible para aviones y otros productos indispensables para el funcionamiento de las economías modernas. Por eso una refinería destruida puede tener un efecto internacional mucho más importante del que parece indicar su ubicación geográfica.
Rusia ha tenido que adoptar medidas para proteger su propio mercado interno, incluyendo restricciones a las exportaciones de diésel. La lógica es nuevamente la misma: ante una reducción de la oferta, los Estados priorizan su abastecimiento doméstico.
Lo que está ocurriendo con Rusia y China tiene, por lo tanto, un punto en común. Ambos países están empezando a reservar combustibles para sí mismos.
El factor Irán
Sobre ese escenario aparece un tercer elemento de enorme importancia: la guerra entre Estados Unidos e Irán. El conflicto mantiene bajo presión el mercado energético mundial porque amenaza una de las principales arterias por las que circula el petróleo internacional: el estrecho de Ormuz.
Por allí transita una parte sustancial del petróleo y del gas que abastecen los mercados asiáticos y europeos. Cualquier interrupción significativa tiene capacidad para generar un shock inmediato sobre los precios internacionales.
Así las cosas, el mercado recibe presión simultáneamente desde el suministro de crudo, desde la capacidad de refinamiento y desde el comercio internacional de combustibles. Eso explica que el precio del petróleo haya vuelto a colocarse por encima de los 100 dólares por barril y que el mercado de diésel se encuentre especialmente tensionado.
El problema no es que desaparezca el petróleo
La discusión energética suele concentrarse en una pregunta equivocada: ¿hay suficiente petróleo en el mundo? La pregunta relevante en este momento es otra: ¿hay suficiente combustible disponible en los lugares donde se lo necesita?
Puede existir petróleo en Rusia, en Medio Oriente o en otros grandes productores y, sin embargo, faltar diésel en Europa, Asia o América Latina. El petróleo tiene que ser transportado. Tiene que atravesar rutas marítimas. Tiene que llegar a las refinerías. Tiene que ser procesado. Y finalmente tiene que llegar al consumidor.
Cada uno de esos pasos puede convertirse en un cuello de botella. La guerra puede interrumpir una ruta marítima. Un ataque con drones puede paralizar una refinería. Una decisión política puede cerrar una exportación. Un gobierno puede decidir aumentar sus reservas.
Cuando todos esos fenómenos ocurren al mismo tiempo, el sistema energético internacional pierde capacidad de absorber los shocks, y eso es exactamente lo que comienza a preocupar a los mercados.
El combustible que mejor permite observar esta situación es el diésel, que resulta indispensable para el transporte de mercancías, la agricultura, la construcción, buena parte de la actividad industrial y numerosas operaciones logísticas. Un aumento significativo de su precio no afecta solamente a los automovilistas, atraviesa toda la economía.
Un camión que paga más por el combustible cobra más por transportar una mercancía. Una cosechadora que utiliza un diésel más caro aumenta los costos agrícolas. Una empresa que necesita transportar materias primas enfrenta mayores gastos. Una aerolínea o una naviera también debe absorber mayores costos energéticos.
La energía termina incorporándose al precio de prácticamente todo. Por eso una crisis de combustible puede convertirse rápidamente en una crisis inflacionaria. La secuencia es conocida: menos oferta, mayor competencia, precios más elevados y aumento de los costos de producción y transporte. El problema es que esta vez el aumento no parece responder solamente a una cuestión de mercado, sino que tiene una dimensión geopolítica.
La medida tomada por el gobierno Chino, con la idea inicial de cuidar su mercado interno, puede tener a la vista la elección en los Estados Unidos, y solo lo sabremos cuando los asiáticos decidan levantar la restricción a la exportación. Si casualmente es justamente después de la elección en el país del norte, será mas sencillo sacar conclusiones.

