En el marco de un nuevo toque de queda y de nuevas escenas de represión militar, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, ratificó su decisión de imponer un estado de emergencia y militarizar las calles, y anunció que mañana se reunirá con todos los partidos políticos para "avanzar hacia acuerdos".

"Reconozco que he hablado duro. Pero el deber de un presidente no es solo garantizar el orden público, también es abrir de par en par los caminos del diálogo, la colaboración y la buena voluntad entre los sectores que quieran recorrer esos caminos", aseguró el mandatario en un mensaje televisado.

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"Ya me reuní con el presidente del Senado, el presidente de la Corte Suprema, de la Cámara de Diputados, y con asociaciones de la sociedad civil. Mañana me reuniré con los partidos de gobierno y oposición, para avanzar hacia un acuerdo social", anunció en su mensaje, que desde las calles estuvo acompañado por nuevos cacerolazos.

En las reuniones de mañana, Piñera propondrá una serie de medidas: "Bajar el precio de los medicamentos reducir la listas de espera en los hospitales, mejorar la atención, implementar mejoras en el sistema previsional y un seguro para contrarrestar el gasto que representa la salud para las familias chilenas".

Además, el mandatario informó que su gobierno está trabajando en "un plan de reconstrucción" para recuperar "lo dañado en estos días de violencia" y agradeció al Congreso por aprobar rápidamente la suspensión del aumento del pasaje del subte que desató las protestas el viernes pasado.

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"Queremos reparar, no solo el daño físico, sino también el daño moral. Tenemos que avanzar con mayor ritmo en el diálogo cívico, los acuerdos y colaboración", aseguró.

En su mensaje, el presidente explicó que las "medidas de emergencia" que impuso sobre varias ciudades y regiones del país y que produjeron una sangrienta represión en las calles no son "contra los ciudadanos, sino contra pequeños grupos de delincuentes".

"Sé que a veces he hablado duro contra esta violencia y delincuencia. Compréndanme compatriotas, lo hago porque me indigna ver el daño y el dolor que esta violencia provoca", concluyó el presidente, tras una nueva jornada de protestas, violencia y represión.

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Según el último balance del gobierno, 11 personas murieron, ocho están heridos graves, y más de 650 fueron hospitalizados, muchos por heridas de bala.

Además, el Instituto Nacional de Derechos Humanos informó que más de 1.333 personas fueron detenidas en todo el país, entre ellas 181 niños, niñas y adolescentes.

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