Por Alicia Barrios
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La carta se entiende por sí misma. No precisa explicaciones. Sí, hay que profundizar en el pensamiento del Papa. El primer paso es tomar en cuenta los cuatro principios que él enunció como guía del pensamiento y de la acción cuando era provincial de los jesuitas. Tal cual lo expresó: "la totalidad es superior a la parte y a la suma de las partes; la unidad prevalece sobre el conflicto; el tiempo es superior al espacio y la realidad es superior a la idea". Esta enumeración de términos no está relacionada con palabras que se contradicen, sino que se complementan.

Que la unidad prevalece sobre el conflicto, significa que los problemas del barrio, la familia, con el gobierno, no deben ser negados o ignorados sino que deben ser asumidos y resueltos a través del diálogo. Que el tiempo es superior al espacio equivale a que hay que ocupar los espacios. Por ejemplo, en la acción social o política hay que ocupar los Barrios, pero más importante que esto es que en el tiempo se generen procesos. Por último, que la realidad es superior a la idea, significa que no hay que deformar la realidad con ideologías, sino que hay que pensar los criterios de superación de las dificultades, teniendo en cuenta los bueyes con los cuales se ara. Al tiempo tenemos que comprender que Francisco es el Papa de la Misericordia. Desde ese lugar está el amor al prójimo y el perdón. Para ser merecedor del perdón hay que saber pedirlo. Por eso es el primero en pedir perdón, para darnos el ejemplo. Bergoglio es también el Papa del cuidado, por eso lo predica en todos los aspectos y fundamentalmente de la vida.

Él ama este país, lo dice. Buenos Aires es su lugar en el mundo. Salió de esta tierra para entregar su servicio como cura, obispo, cardenal, estadista y Papa para el mundo. Como periodista, no dudo que el pueblo argentino siente un amor incondicional por él. Excepto quienes se dejan llevar por las usinas que lo caricaturizan, con la deliberada intención de separarlo de la sociedad. Ese embarre nace en los gigantes mundiales de las comunicaciones que están al servicio de los centros financieros internacionales. Bergoglio es del mundo, pero no pierde ni renuncia a su condición de argentino. Acá lo esperamos con los brazos abiertos. Algo muy personal: estamos cada día más cerca de abrazarlo. Tenerlo entre nosotros. Que así sea.