Antes de salir a trabajar, Rosana Mederos Gilabert prende el televisor para enterarse de las últimas novedades de la catástrofe natural que mantiene en vilo a las Islas Canarias desde el domingo pasado. Las noticias son buenas: una de las lenguas de lava del volcán Cumbre Vieja, en el archipiélago español de La Palma, que arrasaba con todo en su paso, ahora detuvo su camino hacia el mar. "Si bien estamos en unas islas volcánicas, nunca esperas que esto pase y se lleve todo lo que has construido en tantos años de trabajo", relata la argentina a cronica.com.ar.

Rosana, de 46 años, vive con su marido Claudio, de 56, y su hijo Nahuel, de 18, en Tenerife. El matrimonio se mudó desde el partido bonaerense de San Vicente hacia esa isla, la más grande de las Canarias, el 21 de noviembre del 2000. "Escapamos unos meses antes del Corralito. Aquí está la familia de mi papá y ellos me ayudaron hasta que logramos tener trabajo y una casa. Cuando todo empezó a ir mal en la Argentina, tuvimos la oportunidad de venir y probar suerte", cuenta.

A los daños económicos y sanitarios causados por la pandemia por coronavirus, las Islas enfrentaban ahora las catastróficas consencuencias del avance de la lava del volcán en La Palma, donde destruyó 350 edificaciones y cubrió 166,2 hectáreas, en un archipiélago que tiene en el cultivo del plátano su principal actividad económica.

La erupción del Cumbre Vieja también provocó la evacuación de más de 6000 personas, entre ellas 400 turistas, pero no hay que lamentar ni heridos ni muertos.

"Estamos muy preocupados a pesar de que estamos a 200 kilómetros del volcán. No sabemos como va a repercutir en esta isla. Aquí en Tenerife no nos evacuaron, pero la gente de La Palma está saliendo con lo puesto y poco más", cuenta Rosana, con profunda tristeza al "ver cómo se destruyó un paraíso". Y señala: "Si bien estamos en unas islas volcánicas, nunca esperas que esto pase y se lleve todo lo que has construido en tantos años de trabajo y esfuerzo".

Cada mañana, antes de salir a su trabajo como ayudante de pastelería, la argentina comparte imágenes del noticiero local y comenta a su familia en la Argentina cómo sigue todo. "Nos recomiendan no estar bajo la lluvia por las partículas que desprende y que pueden quedarse adentro del sistema inmunológico", explica.

Minutos después, avisa: "La onda expansiva rompió cristales de casas, cerraron el aeropuerto y hay más desalojos porque cambió el viento. Se nos puso la piel de gallina".

El Instituto Volcanológico de Canarias, en tanto, alertó este viernes sobre una nueva boca eruptiva, que sumaron a las cuatro ya existentes en La Palma; mientras que el Instituto Geográfico Nacional indicó que "una de las lenguas de lava está detenida" y si bien la otra "sigue su avance, es mucho más lento", a unos 4 metros por hora. 

"El centro de emisión sigue activo", detallaron, con una columna de ceniza y gases que "alcanza los 4500 metros de altitud".

En medio de la incetidumbre, Rosana asegura que "ahora mismo no tanto es el temor sino la intriga de cómo saldrán adelante esa gente que perdió todo". Y pide que "el Gobierno español no demore en darle la ayuda que les prometió".

Por M.B.

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