La falta de recursos y de personal, sumada a los asesinatos cotidianos en esta zona del sudoeste del país azteca, convirtieron al Servicio Médico Forense (Semefo) de Chilpancingo y a las oficinas adyacentes en un sitio en el que es imposible trabajar. Las dos cámaras de refrigeración tienen capacidad para 360 cadáveres, pero, de ellas, solamente una funciona y tiene colmada su capacidad. Por eso, decenas de cuerpos son acumulados en bolsas de plástico, muchos al aire libre.

El estado de insalubridad es tal que los trabajadores de la fiscalía decidieron iniciar un paro de actividades.

Cada vez más llena

El ingreso de cuerpos al Semefo es incesante. Al menos dos cadáveres por día son llevados hasta allí, y a fines de octubre ya había 657 sin reclamar, según detalló el director de la institución, Ben Yehuda Martínez Villa.

Es entendible, entonces, que el ambiente de la zona sea insoportable. Así es todos los días, con un olor nauseabundo que inunda las oficinas de los trabajadores, ubicadas a unos diez metros del lugar en el que están las cámaras frigoríficas. Pero esta semana todo empeoró. Náuseas y d olores de cabeza fueron solamente algunos de los síntomas que sufrieron los empleados, por lo que decidieron realizar una huelga.

"Paramos las labores por las condiciones de salud que no tenemos dentro de la institución, por los olores fétidos del Semefo", dijo José Luis Nava Hernández, delegado sindical de la Fiscalía de Justicia de Guerrero. "En la parte de abajo está peor el olor que en la parte donde yo estoy. Mucha náusea. No te dan ganas de comer porque el olor se te queda, no se te olvida", agregó la trabajadora Laura Reyna Benjamín.

En respuesta, Martínez Villa explicó que el olor se desparramó porque movieron los cuerpos: "Sacamos diez cadáveres para toma de muestras. Ese fue el motivo de que aparecieran más olores fuera del Servicio Médico Forense. Y como exactamente a la entrada de donde están los cadáveres están las oficinas, se fue el olor para allá".