El territorio autónomo chino de Hong Kong gestionó una forma de combatir el nuevo coronavirus sin confinamiento obligatorio, pero sí con aumentos de tests, rastreo de contactos de los contagiados y cambios en el comportamiento de la población. Con 7,5 millones de habitantes tuvo apenas cuatro muertos y 1.022 casos, de los cuales ya fueron dados de alta la mitad.

Un estudio que publicó la revista británica The Lancet sostuvo que esas medidas crean menos trastornos en la sociedad y la economía que un aislamiento estricto, y resultan eficaces para controlar la propagación de la Covid-19, la enfermedad que causa el coronavirus.

La investigación, liderada por la Universidad de Hong Kong, indica que, al pasado 31 de marzo, parecía que las autoridades de la ciudad habían evitado un gran brote de coronavirus tras adoptar decisiones "mucho menos drásticas" que la mayoría de países, reseñó la agencia de noticias EFE.

Por ejemplo, además de las medidas citadas, también aplicaron restricciones fronterizas, cuarentenas y aislamiento de casos y contactos, al tiempo que introdujeron "cierto grado" de distanciamiento social.

Las autoridades, dice el estudio, efectuaron una intensa vigilancia de infecciones, no solo sobre los viajeros que entraban, sino también en la comunidad local, donde llegaron a realizar a principios de marzo pruebas diarias a alrededor de 400 pacientes externos y a 600 hospitalizados.

Así, todos aquellos que llegaban a Hong Kong procedentes de otras partes de China y de países con infectados debían observar una cuarentena de 14 días en sus casas o instalaciones designadas.

El gobierno de la antigua colonia británica también incentivó la adopción de medidas de distanciamiento social a través de programas de flexibilización del trabajo y del cierre de escuelas, al tiempo que canceló eventos multitudinarios.

El estudio estima que, a partir de la introducción de medidas a fines de enero, el número de reproducción efectiva (a cuántas personas es probable que infecte un individuo con el virus) se mantuvo aproximadamente en uno en las ocho semanas siguientes, lo que sugiere que la epidemia se mantiene estable.

Los autores de este trabajo aseguran que las medidas adoptadas para frenar la transmisión local del virus son probablemente factibles en muchos lugares del mundo y se podrían aplicar en otros países con los recursos necesarios.

No obstante, advierten de que no es posible evaluar el efecto individual de cada medida, ya que fueron implementadas de manera simultánea.

En este sentido, los autores también destacan que la Covid-19 transformó los hábitos y comportamientos de cada individuo, según se desprende de varias encuestas telefónicas efectuadas en los últimos tres meses a un millar de personas.

La más reciente, del mes pasado, revela que el 85% evita ahora lugares llenos de gente y que el 99% se pone una mascarilla cuando sale de casa, frente al 75 y el 61%, respectivamente, que adoptaba esas medidas en enero.

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