Las décadas de aventura escapando de las autoridades se terminaron. El extremista de izquierda italiano Cesare Battisti fue detenido en Bolivia, un mes después de que las autoridades brasileñas emitieran una orden de captura en su contra.

El sujeto, de 64 años, había sido condenado en su país por cuatro asesinatos cometidos en la década de 1970, mientras integraba el grupo Proletarios Armados por el Comunismo.

El gobierno brasileño anunció este domingo que Battisti había sido atrapado por un equipo de Interpol cuando caminaba por el centro de la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra.

"El terrorista italiano Césare Battisti fue detenido en Bolivia y será traído en breve a Brasil, de donde probablemente será llevado a Italia para cumplir cadena perpetua", anunció Filipe Martins, asesor especial de asuntos internacionales del gobierno de Jair Bolsonaro.

Instantes después, el presidente celebró: "¡Felicitaciones a los responsables de la captura del terrorista! Finalmente se hará justicia al asesino italiano y compañero de ideales de uno de los gobiernos más corruptos que ya existieron en el mundo".

La referencia fue al Partido de los Trabajadores, ya que el italiano había conseguido asilo en Brasil en 2010, otorgado por el entonces presidente Lula da Silva.

Por su parte, el también ultraderechista vicepremier italiano, Matteo Salvini, señaló: "Agradezco a las fuerzas policiales italianas y extranjeras, a Interpol, al servicio de inteligencia italiano y a todos los que trabajaron en la captura de Battisti, un delincuente que no merece una vida cómoda en la playa, sino terminar sus días en la cárcel".

Con el deseo de hacerle cumplir la sentencia, Italia envió ayer un avión para llevarse al ex militante de izquierda.

Un trotamundos

En las últimas décadas, Battisti recorrió varios países y conoció la cárcel de más de uno de ellos. Primero fue detenido en Italia, en 1979, y estuvo tras las rejas hasta que se fugó dos años después y se fue a México, hasta que consiguió protección en Francia, en 1990. Mientras tanto, la Justicia italiana lo condenó en ausencia, en 1993, a cadena perpetua por dos asesinatos y por complicidad con otros dos.

Su siguiente mudanza fue en 2004, cuando el entonces presidente Jacques Chirac decidió extraditarlo. Pasó a la clandestinidad y recién se volvieron a tener noticias suyas en 2007, cuando fue detenido en Río de Janeiro y encarcelado hasta 2011. En 2009, Lula rechazó su expulsión.

Cuatro años estuvo en libertad, hasta que Brasil ordenó nuevamente su extradición. Su periplo continuó en 2017, cuando fue detenido en la frontera con Bolivia, país al que finalmente huyó cuando Bolsonaro prometió enviarlo a Italia. Allí estuvo hasta este fin de semana.