El Ejército filipino abatió este lunes a Isnilon Hapilon, autoproclamado emir del Estado Islámico (EI) en el sudeste asiático y líder de los rebeldes yihadistas al sur de Filipinas, e instó a rendirse al grupo de guerrilleros que aún combaten en Marawi, en busca de poner fin a la batalla iniciada hace casi seis meses en esa ciudad de la provincia de Lanao del Sur.

Los soldados filipinos acabaron en una ofensiva de madrugada con las vidas de Hapilon y Omar Maute, el otro dirigente de la rebelión armada en esta ciudad de la isla de Mindanao que desde mayo está tomada parcialmente por islamistas afines al EI, informó la agencia de noticias EFE.

Isnilon Hapilon, nacido en Filipinas en 1966, era un terrorista buscado a nivel internacional por cuya captura el FBI estadounidense ofrecía cinco millones de dólares, mientras Omar Maute era el cabecilla del Grupo Maute que inició la rebelión.

Las tropas también liberaron en la misma operación a 20 rehenes, entre ellos un bebé de dos meses y medio que había nacido en pleno conflicto, según indicó el vocero del Ejército, Restituto Padilla.

Tras neutralizar a los dos líderes, cuyos cadáveres fueron sometidos a pruebas de ADN para confirmar sus identidades, las tropas invitaron a rendirse con megáfonos y mensajes en medios públicos a los guerrilleros que aún quedan en Marawi, -entre 20 y 30 según el portavoz- y que mantienen capturados a más rehenes.

"De momento han hecho caso omiso y continúa el fuego cruzado en la zona, así que seguimos con nuestros ataques y si ellos siguen oponiendo resistencia serán neutralizados”, aseguró el representante militar.

Padilla calculó que “probablemente en cuestión de días” se pondrá punto final a esta rebelión que costó las vidas de 753 terroristas, 155 soldados y 47 civiles tras cinco meses de combates, según los datos oficiales.

Por su parte, las autoridades de la provincia de Lanao del Sur, a la que pertenece Marawi, celebraron la muerte de los líderes yihadistas y comenzaron a preparar el terreno para iniciar los trabajos de rehabilitación de la ciudad y de reubicación de los desplazados tras un eventual cese de hostilidades.

El vocero del gobierno provincial, Zia Alonto, calificó los hechos de este lunes como “un avance positivo, ya que los combates en curso son el único obstáculo para la rehabilitación de Marawi” y aseguró que hay 395.000 desplazados internos dispersos en campamentos y polideportivos de Iligan, Cagayan de Oro y otras localidades cercanas, a la espera de regresar cuanto antes a la ciudad.

En todo caso, para los habitantes de Marawi recuperar la rutina podría llevar un tiempo largo ya que varias zonas de la ciudad, especialmente las barriadas centrales y del sur, están muy dañadas tras cinco meses de bombardeos, explosiones y disparos de ametralladora.

El conflicto de Marawi comenzó el pasado 23 de mayo, cuando cientos de yihadistas filipinos y extranjeros liderados por el grupo Maute se levantaron en armas en la ciudad, capturaron rehenes, quemaron varios edificios gubernamentales y desfilaron por las calles con banderas del Estado Islámico.

Ese mismo día el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ordenó a los militares liberar la población y declaró la ley marcial en toda la isla de Mindanao, donde no se levantarán las medidas de excepción al menos hasta el final de la guerra.

Fuente: Télam