“Estamos en las manos de Dios”, dice a crónica.com.ar Marcelo Tagliabue, uno de los 300 argentinos que está varado junto a su familia en Nueva Zelanda, y que no obtiene respuesta por parte de la aerolínea ni de la cancillería para poder regresar al país en medio de la pandemia por coronavirus que mantiene en vilo al mundo.

Es que a principios de marzo, Marcelo emprendió el viaje de vacaciones a Nueva Zelanda, junto a su esposa y sus dos hijos de 19 y 22 años con pasaje de vuelta para el 22 de marzo. Para ese entonces, el brote de coronavirus era incipiente y se manifestaba con solo seis casos en el país de Oceanía que actualmente se septuplicaron y ya superaron los cuarenta. Aunque la frontera con China ya estaba cerrada, apenas arribó la familia a su destino la sensación que les inspiraba el país era de una “vida tranquila”, es decir, aún no estaban alarmados por la pandemia. “Había poca gente con barbijo, todos los comercios abiertos. Funcionaban todos los bares normalmente”. Sin embargo, con el paso de las horas la situación cambió por completo.

Sorpresivamente, a partir del boca en boca se enteraron que la compañía aérea Air New Zeland con la que tenían el pasaje de vuelta había cortado todos los vuelos. "No mandaron comunicación, nos fijamos en la página y nuestro vuelo de vuelta para el 22 de marzo estaba cancelado", dice Marcelo. Inmediatamente, al ponerse en contacto con la compañía les cambiaron el pasaje de vuelta para el 27 de marzo, que días después también fue cancelado hasta julio cuando retoman actividad. 

La situación se tornó peor ante el anuncio de las autoridades neozelandezas quienes comunicaron públicamente la decisión de cerrar las fronteras a partir del 31 de marzo hasta el 30 de junio. "No tenemos forma de salir", sostiene Marcelo. 

Tampoco la cancillería les brinda respuesta. "Nadie te da bolilla, te dejan acá varado. A la embajada le hemos pedido si nos podían enviar un avión y te dicen que no, que tienen otras prioridades, como la gente que está en Europa o Estados Unidos. Nos dicen que nos arreglemos con la línea aérea", sostiene en tono de desesperación. Por su parte, la compañia cerró todas sus oficinas, y tampoco atiende el teléfono.

Marcelo explica que los únicos vuelos que están disponibles para regresar a Argentina por el momento son unos pocos de Latam. Sin embargo, ponerse en contacto con la compañia implica una verdadera odisea ya que la comunicación telefónica se satura, sumado a que estiman que en los proximos días los vuelos con destino a Buenos Aires dejan de funcionar. "Además los pasajes están alrededor de 2 mil o 3 mil dólares se están aprovechando de la situación. La gente no puede pagar esto", agrega. 

La realidad de Marcelo y su familia es la misma que atraviesan otros 300 argentinos más, entre ellos adultos mayores, y adolescentes, que no solo no pueden regresar en el pronto plazo de tiempo a su país, sino que nadie les da respuestas. Sumado a que el costo de vida diario en Nueva Zelanda es muy caro, sostiene. Según cuenta, por día, entre estadía y alimentos, gasta alrededor de 150 dolares.

Pese al deseo de querer volverse a Argentina, la realidad indicaría que Marcelo y su familia no se subirán al avión para el que tenían desde un inicio programada la vuelta, es así que dadas las circunstancias, ya comenzaron a pensar alternativas. Aunque el hotel donde se hospedaban hasta este sábado, fecha en la que finalizaba su reserva, le dijeron que había disponibilidad para quedarse por más días, la noche cuesta 120 dólares por eso es que ya evalúan mudarse a uno más económico. "Hay argentinos que estan durmiendo en el aeropuerto", cuentaSin embargo, esa opción ya fue descartada debido a que su mujer es hipertensa, y su hija asmática, y eso implicaría poner en riesgo la salud de ambas.  

"Otro de los miedos es que nos contagiemos, porque la cobertura la tenemos paga hasta mañana que era para cuando  teníamos programado volvernos", remarca. Y agrega: "Siento un poco de desesperación al ver que los días van pasando y no hay respuestas, ni de las líneas aéreas, ni de la Cancillería, de nadie, y no saber que va a pasar el dia de mañana".

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