Por Gabriel Arias 
garias@cronica.com.ar 

Los comienzos del siglo XX estuvieron marcados por grandes cataclismos en varias partes del mundo, y uno de ellos cumple 120 años de ocurrido. Se trata del huracán que azotó a la ciudad estadounidense de Galveston, que dejó un saldo de entre 6.000 y 12.000 muertos y pérdidas millonarias por el siniestro más mortífero de este tipo en la historia de dicho país.

Galveston es una isla ubicada sobre el Golfo de México y a tres kilómetros frente a las costas texanas, y en aquel entonces tenía una población de 40.000 habitantes que se dedicaba a la actividad portuaria y el comercio algodonero, sus principales sustentos a nivel económico.

Hasta aquella jornada del 8 de septiembre de 1900, cuando sufrió un golpe casi mortal y que sería recordada para siempre. Como había poca información tecnológica y meteorológica en aquel entonces, se desconocen los causales principales de la devastadora tormenta, aunque se sabe que provino desde el océano Atlántico y que el huracán (que fue registrado como de categoría 4 tiempo más tarde) golpeó en esa lengua de tierra a una velocidad de 220 kilómetros por hora, haciendo subir el nivel del mar algunos metros.

La furia del mar y el viento arrasó con todas las viviendas que había en el poblado, y en cuestión de minutos los cadáveres de miles de personas flotaban por doquier o quedaban tirados en los parches de tierra que podían observarse desde la costa estadounidense. A todo esto, unos pocos días antes de la tragedia, la oficina local del Departamento de Meteorología de Estados Unidos comenzó a emitir advertencias desde las oficinas de la ciudad de Washington, sobre una fuerte tormenta tropical que iba desde el norte hacia Cuba, pero las pocas mediciones no dieron con el lugar concreto por donde pasaría.

Sin embargo, el aviso a la población se llevó a cabo y fueron pocos los que se trasladaron hacia el continente por temor a la violencia del fenómeno; luego ocurrió lo que todos ya saben. Tras el violento paso del huracán, las autoridades del continente enviaron hombres para supervisar la situación y lo que encontraron fue tétrico: miles de personas aplastadas por los escombros de los edificios y viviendas derrumbados, otros ahogados en los interiores de los inmuebles y hasta se confirmaron también cientos de desaparecidos que jamás fueron hallados.

Un dato terrible indicó que los cuerpos eran tantos que no había lugar para enterrarlos, por lo que se decidió lanzarlos al mar, pero las fuertes corrientes los trajeron de vuelta. Es por eso que aquellos que volvieron fueron colocados en una inmensa pira de fuego e incinerados en una ceremonia funeraria dantesca.

A 120 años de aquel terrible siniestro de la naturaleza, han ocurrido otros tantos que dejaron muertos y destrucción, pero todavía no pueden compararse con el ocurrido en la ciudad de Galveston.

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