Por Alejandra Gallo

Cuando comenzó el 2020, no hace tanto tiempo, lo que preocupaba a las principales potencias del mundo era cuánto crecería la economía mundial. La mayoría de las proyecciones auguraban un período frío y seco. Ahora, con el surgimiento del coronavirus, todas las ecuaciones se corrigieron para abajo; es decir menos crecimiento y menos generación de divisas, exportaciones y empleo.

Según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) el COVID-19 provocará que la economía mundial crezca la mitad de lo que se había proyectado originalmente: de 3% a 1,5%. Cuanto menos crezca la economía, menos oportunidades de mejoras habrá en los países aunque el impacto en cada uno de ellos, como siempre pasa, no será el mismo. Hasta ahora, la UNTAD, es decir la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio  Desarrollo calculó el daño económico en todo el globo terráqueo ya se calcula en 50.000 millones de dólares. Sólo en China (la segunda economía mundial y donde surgió este virus) se estimó que la industria cayó un 12% sólo en un mes.

Las bolsas asiáticas se destrozaron en febrero y en lo que va de marzo y salpicaron fuerte a otros mercados pero sólo en China se espera que el golpe en la vida cotidiana sea mucho peor que el que se sufrió durante la crisis financiera del 2008.

Por haber sido la nación donde empezó esta epidemia el golpe en la economía es casi generalizado: la industria automotriz, el turismo, las compañías aéreas, los hoteles registran alarmantes derrumbes en sus niveles de actividad mientras sigue habiendo ciudades enteras aisladas. También en la Unión Europea, los Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y Vietnam las pérdidas se cuentan en miles de millones de dólares.

Como pasó en el deporte mundial al suspenderse partidos de la liga italiana de futbol, que mueve unos 1.900 millones de dólares, de Japón, Suiza y todos los encuentros masculinos y femeninos en China; también en el mundo de los negocios muchos foros internacionales de negocios modificaron sus agendas.

El mismísimo Fondo Monetario Internacional, por ejemplo, acaba de anunciar que no hará su habitual encuentro de primavera (boreal) en Washington, entre el 17 y 19 de abril. Tanto el FMI como el BM proponen reuniones virtuales pero no en vivo y en directo para evitar que se propaguen los contagios entre las personas.

Recién por estos días comenzaron a conocerse los primeros casos confirmados de coronavirus en América Latina, como pasó en Argentina. Sin embargo, la repercusión en la economía latinoamericana comenzó mucho antes de que se confirmaran los casos médicos.

Muchos países de la región comercializan fuerte con China y los países asiáticos, cuyas economías están detenidas y por lo tanto le compran menos productos al mundo. La Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) advirtió que en la región la crisis del virus en China generaría un doble impacto. Por un lado, habrá menos compras desde aquel país a este lado del mundo. Chile, Brasil y Perú son las naciones que más les venden a China y los asiáticos.

Se supo en los últimos días que desde los frigoríficos argentinos estarían vendiendo hasta un 30% menos este año por la merma en las compras desde China y otros ven en esta crisis una oportunidad como lo fabricantes de barbijos en el conurbano que pueden reemplazar a los proveedores locales, hoy en un parate de producción, de los laboratorios chinos.

Son gotas de agua en el océano. Por otro lado, se afectarían también las inversiones que tanto necesita Latinoamérica. De acuerdo con esta misma fuente, desde 2005 hasta ahora, China desembolsó 14.000 millones de dólares de este lado del mapa; y en este último aspecto la Argentina se vería afectada porque los capitales chinos están mirando los potenciales energéticos de este país. Y la energía, por ejemplo Vaca Muerta, es uno de los pilares a los que el Gobierno le apuesta para reactivar la economía.

En los sectores privados nacionales no existe una mirada muy optimista respecto de la recuperación de las ventas domésticas, exportaciones y empleo. Una caída en los niveles de producción no traerá buenas noticias para la principal preocupación de los argentinos: la inflación.

La suba de precios en 2019 rozó el 54% según datos oficiales y en lo que va de este año los incrementos morigeraron la suba pero no se encorsetó el rumbo en los precios de los alimentos básicos. El último monitoreo del humor social que realizó la consultora D Álessio Irol /Berensztein reveló que para el 82% de los entrevistados (sobre 1173 adultos entrevistados en todo el país) la inflación continúa siendo su principal preocupación y para el 65% lo es la incertidumbre en la situación económica.

En este contexto cualquier situación que se agregue en el ya complicado tablero de la recuperación económica nacional no hará  más que alejar el horizonte de mejoras en los bolsillos de los argentinos.

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