Emily Brown, una mujer de 30 años oriunda de Tennessee, Estados Unidos y su bebé Tucker fueron los protagonistas de un verdadero milagro. 

La mujer se había enfermado gravemente de coronavirus y tuvo que ser internada mientras cursaba un embarazo de 31 semanas.

Emily no se tomaba muy enserio el virus y en diálogo con The Sun menionó que “pensaba que el COVID-19 era una simple gripe”. “No me importaba usar barbijo. Pensaba que era una estupidez. Bueno, no lo es”, contó luego de haber estado semanas internada por complicaciones derivadas de la enfermedad, y también señaló que espera que su experiencia sirva como advertencia para otras personas que no toman en serio el virus.

Mientras cenaba en un restaurante detectó que no podía oler ni sentirle el sabor a nada e inmediatamente fue a realizarse el test PCR para saber si estaba contagiada, y dio positivo.

Ella y su pareja Josh quedaron aislados en su casa. Sin embargo el cuadro de ella se complicaría y fue trasladada de urgencia al Hospital Erlanger del condado de McMinn el 18 de septiembre pasado luego de que manifestara dificultades para respirar. Dos días después fue conectada a un respirador y la inducieron a un coma donde permaneció durante 20 días.

Emily ya tenía un hijo de 5 años con su exposo y esperaban el primer hijo en común con su nueva pareja. "Antes de entrar en coma, las enfermeras me revisaron. Cada cosa que me decían me daba terror. ‘¿Perdería a mi bebé?’, era lo único en lo que pensaba, declaró.

Emily junto a su hijo Tucker.

Ante la incertidumbre y el miedo de que la mujer y el bebé no sobrevivieran, los médicos tomaron la decisión de realizar una cesárea de emergencia. El bebé Tucker nació siete semanas antes de la fecha probable de parto y unos días más tarde, tras una traqueotomía lograron sacarle el ventilador a Emily, y pudo levantarse.

“Cuando desperté en la extraña habitación, estaba segura de que solo habían pasado unos días. Pero en realidad habían sido tres semanas dormida. Ahí entré en pánico, me preguntaba dónde estaba Josh y me sentí extremadamente ansiosa por Tucker. Afortunadamente, las enfermeras me dijeron que el bebé tenía un peso saludable y que estaba bien”, aseguró la nueva mamá.

“No podía dejar de llorar. Estaba devastada y llena de alegría al mismo tiempo”, sostuvo la mujer, que luego de dos días y un testeo de Covid-19 al padre del bebé,  que dio negativo, pudo conocer a su hijo y reunirse toda la familia.

El 20 de octubre, después de más de un mes de internación, Emily salió del hospital y regresó a su casa. Su bebé Tucker permaneció dos semanas más por precaución. 

“Es mucho mejor usar barbijo que estar en un hospital con un respirador y que tu familia pregunte si vas a vivir o a morir”, concluyó. Pese a que esto ocurrió en septiembre pasado, su historia se hizo viral en las últimas horas.

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