El Gobierno francés, en un contexto de fuerte rebrote del coronavirus, anunció hoy que impondrá el uso de la mascarilla en los centros de trabajo, salvo en contadas excepciones, como los espacios individuales, y que serán las empresas las que paguen ese equipamiento de protección.

"Hemos decidido sistematizar la mascarilla en los espacios cerrados colectivos" dado el riesgo de contagio por el aire, explicó a la prensa el secretario de Estado de Salud en el Trabajo, Laurent Pietraszewski.

Eso incluye, entre otros aspectos, las oficinas compartidas -aunque se hayan instalado placas de de separación-, las salas de reunión o los pasillos, señaló tras una videoconferencia presidida por la ministra de Trabajo, Elisabeth Borne, en la que participaron sindicatos y patronales.



En los próximos días se actualizarán los protocolos laborales de seguridad sanitaria que se habían publicado inicialmente el 3 de mayo, antes del comienzo del desconfinamiento para que las nuevas reglas se apliquen desde el 1 de septiembre, agregó.

El teletrabajo seguirá siendo "una práctica recomendada" para, entre otras cosas, intentar evitar el uso masivo del transporte público en las grandes ciudades cuando el mes próximo comience el curso escolar.

El secretario de Estado subrayó que el uso de mascarilla no eximirá de aplicar otras reglas básicas de seguridad sanitaria, en especial el distanciamiento físico, lavarse las manos, limpiar el mobiliario y el material o airear las áreas de trabajo, informó la agencia de noticias EFE.



Desde el fin del confinamiento entre el 20 % y el 25 % de los focos de coronavirus identificados en Francia han aparecido en las empresas: de los 268 que siguen abiertos, 60 están en un entorno profesional.

El Ministerio de Trabajo fue bien claro sobre quién correrá con el costo financiero de las mascarillas que se deban utilizar durante la jornada laboral: "Desde el momento en que son obligatorias, las empresas deben proporcionarlas".

Por ahora no se contemplan ayudas públicas para financiar ese gasto suplementario y se descarta que estas obligaciones provoquen escasez de mascarillas, dado que el mercado está bien aprovisionado y los precios van a la baja.



La Confederación General del Trabajo señaló que la mascarilla no debe ser el único instrumento de protección frente al riesgo epidémico, sino que hay que ajustar otras dimensiones para proteger a los empleados, como el tiempo, las condiciones y la organización del trabajo.

La patronal Medef, por boca de su presidente delegado, Patrick Martin, había pedido poco antes de los anuncios del Ejecutivo que se evitaran "medidas generales demasiado coercitivas".

Advirtió que la obligatoriedad de la mascarilla corre el riesgo de alimentar la idea entre los trabajadores de que la epidemia ha vuelto de lleno en Francia, algo que no es verdad.

De acuerdo con las estadísticas actualizadas ayer, Francia registró hasta ahora más de 256.000 casos de coronavirus, incluyendo más de 30.400 muertes.

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