Por Alicia Barrios

“Gracias a Mamita María, estoy de pie”, fue el testimonio de todo el pueblo colombiano. La fe en la Virgen. La frase que más pronunció fue “quien no vive para servir no sirve para vivir”. El papamóvil fuera de la Plaza San Pedro va rápido. Fue tendiendo los brazos a la gente en el momento que, frenada mediante, se golpeó en Cartagena (ver aparte).

A él no le importaba nada, seguía saludando a todos. El doctor Holguín, su médico personal, lo asistió en el acto. Él estaba pendiente de ese humilde barrio de afrodescendientes. La mantillina, así se le llama a la parte superior del hábito, quedó manchada de sangre. La seguridad se alarmó y lo rodeó. Pero rápidamente se apartaron porque él quiso seguir dando toda su atención a esa gente marginada y necesitada.

Así, la visitó a una vecina que se llama Lorenza, que le puso hielo para asistirlo mejor. Hacía apenas un rato había dicho en la Nunciatura: “El Papa es vulnerable. Sólo Dios es invulnerable”. Cartagena fue una fiesta de entrada libre y sin puertas. Los jóvenes coreaban: “Levántate y canta, vamos a recibir al Papa, levántate y canta, Jesús es nuestra esperanza”. Para Francisco son los pobres, los humildes, los que contemplan la presencia de Dios. Es a ellos a quienes se revela el interior del amor con mayor nitidez. A la Virgen de Chinquinquira la va a llevar siempre en su corazón, como ese enternecedor pueblo colombiano. Cada momento de este viaje fue culminante. No se puede elegir uno. San Claver es el santo de los esclavos. Se lo vio, una vez más, emocionado cuando bendijo sus reliquias.

El Papa dejó Cartagena, con un mensaje condenando al narcotrafico, porque siembra muerte, minutos antes de embarcarse para Roma. Lo revelador es que percibió que el factor común en los múltiples relatos es realizar un camino distinto a los ya recorridos. Él dio el ejemplo, tomó la iniciativa, para predicar por La Paz, para que no se repitan los crímenes. El que toma la iniciativa siempre es el más valiente. Francisco es un hombre de coraje. 

Ser pacífico no quiere decir que sea cobarde. Después de estos días que, sin duda, serán un antes y después en su espíritu. Un tiempo del que salió aún más ennoblecido, entiendo cada vez más la importancia que tiene cada uno de sus pasos por el mundo. En la Argentina vivió 76 años. Ahora, el padre Jorge de Buenos Aires está peregrinando por los pueblos que más lo necesitan. Aquí, ya lo hizo.

Cualquiera sea la hora que llegue, no va a ir a Santa Marta, sin pasar a agradecer a la Madonna de la Salud del pueblo romano en la Basílica Santa María Maggiore. A ella le ofrenda sus viajes. En la vía Dell Esquilino, a metros de allí, está la pensión, donde se alojó Juan Domingo Perón, cuando fue agregado militar en Italia y tenía por costumbre ir a misa todos los domingos en Santa María La Mayor.

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