Cambiar el mundo para bien. Un sueño que deben tener todos los cristianos. Así lo afirmó el papa Francisco en una nota que fue divulgada, con motivo del Encuentro por la Amistad entre los Pueblos, realizado bajo el lema "Las fuerzas que mueven la historia son las mismas que hacen al hombre feliz".

En la nota, firmada por el secretario de Estado Vaticano, Pietro Parolin, en nombre del Pontífice, asegura: "El cristiano no puede renunciar a soñar que el mundo cambie para bien, porque en la raíz de esta certeza está la convicción profunda de que Cristo es el inicio del mundo".

De inmediato, se pregunta: "¿Qué ha quedado de ese deseo de cambiarlo todo?". La respuesta fue una contundente crítica a la situación actual de Occidente: "Volvemos a construir muros, en lugar de construir puentes. Tendemos a ser cerrados, más que abiertos al otro distinto de nosotros. Hay una creciente indiferencia, más que un deseo de tomar la iniciativa para el cambio. La sensación de miedo prevalece sobre la confianza en el futuro. Y nos preguntamos si en este medio siglo el mundo se ha vuelto más habitable".
 

Un sueño olvidado

Frente a este cuestionamiento a la situación actual, el texto invita a los cristianos "a reflexionar" y a preguntarse: "¿Qué hemos aprendido?". "Ningún esfuerzo, ninguna revolución puede satisfacer el corazón del hombre. Sólo Dios, que nos hizo con un deseo infinito, lo puede llenar con su presencia infinita; para esto se hizo hombre: para que los hombres puedan encontrar a aquel que salva y cumple el deseo de días felices", continúa.
 

Reflexiones

La actividad del Papa siguió con el tradicional Ángelus dominical, en el que volvió a hacer referencia a la centralidad de la vida del cristiano y destacó la importancia de la Eucaristía, en la que se recibe a Cristo mismo. "Cuando acudimos a la comunión recibimos la vida misma del Señor y para recibir esta vida es necesario nutrirse del Evangelio y del amor de los hermanos".

Ante la multitud que llegó a la Plaza de San Pedro, el jefe de la Iglesia católica recordó que Jesús "se presenta como 'el pan vivo bajado del cielo', el pan que da la vida eterna". "La Eucaristía nos muestra por qué no vivimos sólo para nosotros mismos, sino para el Señor y para los hermanos. La felicidad y la eternidad de la vida dependen de nuestra capacidad de hacer fecundo el amor evangélico que recibimos en la Eucaristía", cerró.