Por Alicia Barrios
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La prensa nacional ignoró, en su mayoría, la visita del Papa a Colombia. Los ángeles no tienen espalda, algunos periodistas sí y se la dieron a Bergoglio. Estuvieron pendientes del huracán “Irma”, cuando un argentino estaba, ante los ojos del mundo, caminando junto a miles de fieles por La Paz en Colombia. Haciendo historia. Nosotros no somos europeos ni de América del Norte. Somos latinoamericanos como nuestros hermanos colombianos, hemos vivido violencia, muertes; hoy el país de tránsito de la droga, se limita al tránsito de la mano a la nariz porque el narcotráfico está matando a nuestros jóvenes y penetrando cada día más en la sociedad, que, como la colombiana, también está dividida.

Francisco, valiente, en Medellín, recordó el dolor de las familias de los sicarios de la droga. Tuvo un encuentro con sacerdotes, religiosos, religiosas y consagrados y sus familias en el Centro La Macarena. Estuvo con quienes tienen esa actitud, que es su favorita: callejean la fe, la vida. Es la primera región de Colombia en vocaciones y en el envío de misioneros dentro y fuera del país. A los que hacen voluntariado se refirió como los que llevan a Dios. Dijeron presente 12.000 personas. Los llamó “paísas”, que es el gentilicio de la zona. Pidió perdón, los invitó a todos a repetir ese gesto por esos seres que causaron daño y fueron una derrota de la humanidad joven.

El padre Jorge es profesor de letras, borgesiano y lector infatigable. En más de una oportunidad citó a García Márquez. De buen paladar, sorprendió a “los paisas”, comparando el buen fruto de las vocaciones con las arepas, el plato típico regional que se hace con maíz molido. Los alentó a esos callejeros de la fe, a quienes se los ve felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, cada plaza, cada rincón de la tierra.

Al Papa se lo vio entero, sin gestos de cansancio, ni enojo como otras veces, pero más emocionado que en otras oportunidades. Repitió esa frase tan suya, propia: "El diablo entra por el bolsillo". Por eso les pidió que no entren en la corrupción. Es incompatible servir a Dios y ser esclavos del dinero. Francisco es la alegría del Evangelio en sí misma. Se prodiga desde allí. Predica desde ese lugar. No quiere discípulos tristes, amargados. Tiene poesía de Biblia. Habla al alcance de todos: "La Iglesia no es una aduana que impida a los hombres acercarse a Dios".

Francisco, en Colombia, tardó instantes en convertirse en uno más. Lo primero que hizo este sábado fue ponerse un sombrero antioqueño y un carril ( bolso) típicos del eje cafetero. Esto hizo en medio del río de gente que rodeaba el papamóvil cuando iba rumbo a la misa presidida por la Virgen de La Candelaria, patrona de Medellín. Los jóvenes lo despidieron con una consigna: "Lo dice el Papa, lo dicen los obispos, esta es la Juventud de Cristo". Acá, muchos periodistas argentinos estaban mirando para otro lado, pero eso es una nota aparte.