Por Alicia Barrios 
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Este domingo fue la primera vez de algo nuevo: La Jornada Mundial de los Pobres. Francisco celebró una misa para cuatro mil personas en situación de calle y refugiados. Luego almorzó con 1.500 en el aula Paulo VI del Vaticano. La entrada fue un plato de ñoquis con salsa y aceitunas. Luego carne con verduras. Después polenta con brócolis y de postre, tiramisú.

Se respetó la tradición de las cuatro comidas tan típicas de Italia. A los gobiernos les resulta muy desagradable que se muestre la pobreza de su país. No les gusta. En todos los rincones del planeta este domingo se concentraron cristianos junto con sacerdotes, obispos y cardenales para la celebración.

Hay cuatro tiempos llamados fuertes, como la Cuaresma, Pascua, Adviento y Navidad en el medio, el resto del año, que es común u ordinario. El mismo tiene 34 fines de semana y por eso  Jorge Bergoglio estableció que el domingo 33 sea la jornada mundial de los pobres. Los presidentes de diferentes países salieron rápido del narcisismo de pensar que era contra ellos, cuando se dieron cuenta de que esto sucedía en todo el mundo.

Para entender su pensamiento, hay dos ejes. Uno ligado a la concepción del pueblo como totalidad conformado no por clases sociales sino por segmentos. Él sostiene que los pobres constituyen el núcleo central de todo el pueblo. Aquellos que no son pobres tienen que ayudar.

El otro eje es distinguir la pobreza como cualidad que significa ser humilde espiritualmente, pobre de corazón y  que otra clase de pobreza es la material. Para Francisco es inaceptable que las personas no tengan para subsistir y son mayoría en el mundo. No compartir con los pobres es robarles y quitarles la vida.

Él está convencido de que la gran crisis financiera se debe al rechazo de Dios, que resulta peligroso para los ricos, porque les recuerda su deber de solidaridad. El dinero debe servir y no gobernar. Si la fe no llega a los bolsillos, no es genuina. No olvidemos que la pobreza está en el centro del Evangelio, no es una ideología. La Iglesia no existe sin la caridad, hay que ayudar a los pobres porque la persona humana está en peligro.