La zona sur de Estados Unidos suele ser el hábitat perfecto para un grupo de animales voraces y peligrosos: los caimanes. Criaturas que pueden devorar todo tipo de ser vivo hasta los propios seres humanos, y que de entre las entrañas de estos reptiles surgió la figura de un asesino serial terrible, cuyo apodo todo lo dice, se trató de Joe Ball, el denominado "Hombre caimán" o "Carnicero de Elmendorf", a quien se le atribuye haber matado a unas 20 mujeres durante de la época de la ley seca, y cuya forma de deshacerse de los cuerpos era mediante los enormes animales.

La historia de Joseph Douglas Ball se remonta a finales del siglo XIX, cuando su familia se fue a vivir a la ciudad sureña de Elmendorf, donde su padre Frank abrió una fábrica para procesar algodón junto a su esposa Elizabeth. El negocio lo volvió poderoso de tal manera que abrió un enorme local en el lugar y se dedicó a las bienes raíces.

En 1896 nació Joseph (más conocido como Joe), quien de pequeño adquirió una gran pasión por las armas y por sus excursiones en solitario por los campos y pantanos, con lo cual se puede decir que los caimanes eran casi como un animal bien conocido por el futuro asesino.

Joe Ball: incursión en la Guerra

En 1917, Estados Unidos entra en la Primera Guerra Mundial de manera oficial y el joven se alistó para pelear en los campos de Francia, y volvió dos años más tarde tras ser dado de baja honorablemente.

La familia de Joe Ball se estableció en Elmendorf (Archivo).

Con la ley seca rigiendo en el país, Ball decide dejar de trabajar con su padre para dedicarse de lleno al negocio del licor ilegal, por lo que comienza su incursión en el contrabando y recorre la región vendiendo whisky a bordo de su Ford A.

A su vez, y con las ventas en alza más allá de la prohibición, Ball abrió un bar en el cual se bebía, jugaba, había bailes, música y armó un espectáculo más: se trató de la creación de un enorme foso en la parte trasera del local, que llenó de agua y de varios caimanes, que le daban un aspecto zoológico al lugar.

El bar donde ocurrieron los atroces hechos (Archivo).

El local, en el cual también trabajaba un joven afroamericano llamado Clifton Wheeler, contaba cada vez con mayor presencia del público, que no sólo bebía, bailaba o escuchaba música, sino que era testigo de los banquetes que se daban los caimanes con perros, comadrejas y gatos vivos que les servían como parte del dantesco espectáculo.

Como si esto fuera poco, un último ingrediente se agregó a la taberna del terror, y es que Ball contrataba bellas camareras para darle un buen servicio y brillo a su negocio (de nombre Sociable Inn), y solía cambiar mucho de mujeres porque en épocas de la Gran Depresión, el trabajo escaseaba y la gente se aferró a cualquier trabajo por más denigrante que fuera.

Hazel Brown, una de las víctimas de Joe Ball (Archivo).

En 1934, Ball conoce a Minnie Gotthardt (22) con quien comienza una relación y juntos atienden la taberna por tres años, hasta que en la vida del futuro asesino aparece Dolores Goodwin, una mesera joven de la cual se enamora y comienzan los problemas con Minnie, situaciones que se potencian todavía más cuando entró a trabajar en 1937 Hazel Brown (22), otra joven mesera con la que Ball se enloquece.

Otras desapariciones

Ese mismo año, Minnie desaparece del pueblo y los interrogantes sobre su paradero son cada vez más grandes, dudas que el propio asesino le dijo a Dolores tras su casamiento, al confesarle que mató a Minnie con un disparo en la cabeza y enterrar su cuerpo en la arena, pero este relato no fue creído por su flamante esposa y la historia quedó en la nada.

Los diarios de la época siguieron con sigilo el caso (Archivo).

Un año más tarde, Dolores tuvo un accidente automovilístico que casi la mata y del cual perdió su brazo izquierdo, pero el fuerte rumor era que uno de los caimanes de Ball le había arrancado el brazo a la joven. Más allá de lo dicho, la joven desapareció y nunca se supo la verdad.

Tras esta situación, otra joven camarera llamada Juli Turner desapareció misteriosamente del bar, y tras la indagatoria de la policía, Ball le dijo que se había ido del negocio, como el resto de las camareras que lo habían abandonado por un "trabajo mejor".

Los investigadores hallaron varios instrumentos en el fondo del bar (Archivo).

Pasaron los meses, y dos chicas corrieron la misma desgracia, una de ellas Hazel Brown había abierto una cuenta en un banco poco tiempo antes de desaparecer, y este indicio le dió a la policía estadounidense la chance de investigar donde estaban las camareras desaparecidas, de las cuales algunas fueron encontradas vivas en otros estados y una docena sin un resultado concreto.

Joe Ball: detención y muerte

Sin embargo, la situación de Ball comenzó a empeorar en septiembre de 1938, cuando un vecino del bar confesó a la policía, haber visto al criminal cortar pedazos de carne humana para alimentar a los caimanes. De forma automática, el alguacil y un grupo de policía fueron a la taberna de Ball, a quien le pidieron que los acompañe hasta una dependencia policial de San Antonio donde le iban a tomar declaración, el criminal aceptó sin vacilar, fue hasta la caja registradora, oprimió la tecla "NO SALE", se bebió una cerveza y agarró una pistola Colt calibre 45 con la cual se disparó en el pecho frente a los policías.

Joe Ball se disparó en el pecho para no ser detenido por la policía (Archivo).

Con Ball muerto, las investigaciones se aceleraron y encontraron carne en estado de putrefacción en el lago de los caimanes, un hacha cubierta con sangre y pelo, con lo cual la hipótesis manejada por los investigadores era que Ball descuartizaba a las víctimas y alimentaba con ellas a los voraces reptiles. En tanto, los animales fueron donados al Zoológico de San Antonio para su estudio, el cual resultó negativo.

Finalmente, la policía logró detener a Wheeler, el ayudante de Ball, quien dijo que Ball había matado a sus esposas pero que desconocía del paradero de las chicas desaparecidas, aún así se declaró culpable por complicidad bajo amenazas y fue condenado a dos años de prisión, aunque hasta el día de hoy se desconoce qué pasó con las camareras, pero todo conduce a que su final las llevó a un foso pantanoso y posterior fauces de los caimanes.

POR G.A